Trabajo: ¿productividad o adicción?

El trabajo es valorado de forma positiva dentro de nuestra sociedad; una persona trabajadora es percibida como alguien responsable consigo misma y quien le rodea, con prioridades correctas, favorable para el medio económico y social en el que se desenvuelve, etc. Todo esto es cierto, pero la cultura personal del trabajo puede desbordarse de sus límites naturales y sanos para anular al individuo y su relación con la realidad.

Cuando una persona permite que su entusiasmo por realizar un buen trabajo, sus ganas de hacer carrera, su deseo de ascenso profesional o sus ambiciones económicas se apoderen de ella, puede convertirse en adicta al trabajo. Se empieza alargando las jornadas laborales, utilizando el tiempo de descanso para avanzar en la agenda y asumiendo más responsabilidades de las que se debería.

Adictos al trabajo

Un adicto al trabajo –o workaholic, como se le conoce en inglés– deja de presentar las características positivas de un individuo con una personalidad trabajadora. En primer lugar, deja de ser responsable con sus propias necesidades: con frecuencia es negligente con sus necesidades alimenticias, olvida beber suficiente agua y no practica el mínimo saludable de actividad física (si su trabajo es intelectual, por supuesto).

Así como se olvida de sí mismo, el adicto al trabajo deja de lado los vínculos sociales y afectivos sanos. Es frecuente que se aísle de la sociedad, deje de cultivar sus relaciones de amistad y no busque nuevas interacciones sociales. Los problemas son aún más graves con la familia, pues el individuo deja de pasar tiempo de calidad con su pareja, sus hijos, sus padres y todos los seres a los que lo unen lazos consanguíneos y de afecto.

Los dos puntos anteriores demuestran que el workaholic ha trastocado su escala de prioridades, asignando la máxima importancia al trabajo, incluso por encima de su propio bienestar y el de sus seres queridos.

Por último, el exceso de trabajo ocasiona que el adicto deje de ser un individuo funcional dentro de la sociedad. Desde el punto estrictamente profesional, con frecuencia su productividad y su eficiencia en el campo laboral disminuyen debido al cansancio, el deterioro de su salud (mental y física) y la falta de estímulos nuevos, convirtiéndose en su peor enemigo en aquello que más le importa.

Como cualquier otra adicción, la adicción al trabajo conlleva problemas sociales, físicos, psicológicos y emocionales, y puede llegar a causar la muerte.

Parece exagerado, pero la adicción al trabajo genera ansiedad y estrés. Estos factores psicológicos pueden llevar a un aumento en la presión arterial, úlceras estomacales, arritmias, inhibición del deseo sexual, aumento del riesgo de infarto e ictus, etc. También puede desencadenar otros problemas que, a la larga, repercuten en la salud, como desórdenes del sueño, irritabilidad, problemas de memoria, agresividad, fatiga, etc. Esto sin considerar los comportamientos nocivos que pueden desarrollarse para liberar o intentar mitigar la ansiedad y el estrés, como fumar, comer desmesuradamente, beber alcohol, etc.

Muerte por exceso de trabajo

En ese sentido, los workaholics pueden convertirse en un problema de salud pública. Así sucede en Japón, donde mueren (oficialmente) cientos de personas al año por exceso de trabajo. En japonés existe un término para la muerte por exceso de trabajo: karoshi. Si un juez dictamina que la causa de muerte es el karoshi, las familias reciben una indemnización por parte del gobierno y de la compañía.

El Ministerio de Salud japonés empezó a recoger estadísticas sobre su existencia en 1987, y desde entonces los casos registrados han ido en aumento. En 2015, las cifras oficiales alcanzaban 2.310 muertes, pero se sospecha que la cifra real podría ser de 10.000 personas. A pesar de la indemnización, las familias tienden a no exponer la causa de muerte, pues no haber sido capaz de soportar la carga laboral se considera, socialmente, una muestra de debilidad.

Una adicción inflamable

Como si todo esto fuera poco, la adicción al trabajo también puede generar otro tipo de adicciones. Con ellas, el individuo podría estar buscando liberar las presiones ocasionadas por el trabajo, intentar relajarse y dejar de pensar temporalmente en sus responsabilidades –tarea nada fácil, visto que uno de los síntomas del workaholic es la obsesión por el trabajo–. Entre estas adicciones suelen encontrarse el tabaquismo, el alcoholismo y el consumo de marihuana.

El adicto al trabajo también puede buscar sustancias con las cuales fomentar su adicción primaria. Es el caso de los workaholics que usan drogas estimulantes, como la cocaína, para aumentar su energía y poder pasar más tiempo trabajando, o las llamadas smart drugs  (drogas inteligentes), para aumentar la concentración y el rendimiento.

¿Quiénes son los workaholics?

La adicción al trabajo suele presentarse en personas con puestos de trabajo de alto rango. También es muy común entre emprendedores, pues, al ser sus propios jefes, ponen las reglas y se exigen demasiado.

Como sucede con muchas otras adicciones, a veces, los workaholics usan el trabajo como vía de escape para un trastorno depresivo o una vida poco satisfactoria. Otras veces, son personas que sufren de ansiedad.

Algunos estudios apuntan a que las personas con padres más exigentes, y que valoran excesivamente los logros de sus hijos, tienen más tendencia a volverse adictos al trabajo.

Por supuesto, también las personas que se enfrentan o han enfrentado a situaciones económicas complicadas pueden desarrollar una adicción al trabajo como una manera de generar bienestar, seguridad y estabilidad para su presente y su futuro.

¿Cómo superar la adicción por el trabajo?

Como en otras adicciones, el primer paso es reconocer el problema, cosa que es particularmente difícil para los workaholics, por la valoración social y personal positiva del trabajo.

Se recomiendan terapias grupales o individuales, según sea el caso particular, para evaluar los factores que están motivando la adicción y poder erradicar el problema.

Encontrar nuevos intereses y plantearse objetivos de vida que vayan más allá de lo laboral también es fundamental para romper el hábito adictivo.

Por último, el individuo debe aprender a afrontar su vida laboral con un correcto manejo de sus miedos, así como de la ansiedad y el estrés. Para no recaer, es indispensable establecer costumbres laborales más sanas, con límites bien definidos y un correcto equilibrio entre la vida personal y profesional.

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