Recorrido por la historia del LSD

El mercado de las drogas ilícitas también cuenta con especialistas en branding, que se ocupan de construir sus propias marcas para diferenciarse y dar valor a sus productos. Para esto, se utilizan logos, sellos y empaquetados que permiten a los consumidores una identificación rápida. Los que comercian con LSD, la famosa sustancia alucinógena asociada para siempre con el movimiento hippie y los años locos de la década de los 60, suelen presentarlo muy frecuentemente en un papel secante con el dibujo de un hombre esbelto, de nariz alargada y pronunciada calvicie frontal, que se acuesta boca abajo sobre una bicicleta en marcha. Ese risueño señor es Albert Hofmann, el químico suizo que sintetizó por primera vez el LSD.

Albert Hofmann, el descubriendo el LSD

Resulta sumamente irónico que se utilice la ilustración de Hofmann como garante de una buena experiencia, y que se refuerce erróneamente la imagen de este investigador como un promotor del uso recreativo del ácido lisérgico. Es cierto que Hofmann fue el padre de la criatura, pero no estaba orgulloso de los pasos que esta dio fuera del laboratorio. En la cultura popular está muy extendida esa idea, pero basta con revisar sus memorias para entender cuál era su posición frente al ácido lisérgico.

En su libro titulado LSD. Cómo descubrí el ácido y qué pasó después en el mundo, Hofmann dedica un capítulo a explicar el paso del LSD de medicina prometedora a droga ilícita, y cuenta cómo se preguntó en más de una ocasión si su hallazgo había sido una bendición o una maldición para la humanidad. En sus páginas, deja claro que la propagación del uso recreativo del LSD se debió a una serie de factores que coincidieron en un momento muy peculiar de la historia.

¿Por qué se extendió su consumo?

Según Hofmann, parte de la responsabilidad de que el LSD se convirtiera en una epidemia recae sobre la prensa, que con sus titulares amarillistas contribuyó a llamar la atención de una generación que estaba aburrida y descontenta con sus vidas. La prensa presentó primero el LSD como un medicamento mágico para luego satanizarlo en cuanto empezaron a aparecer los primeros brotes psicóticos. Para Hofmann, el LSD nunca debió escapar de la estricta vigilancia médica. Él sabía que era una sustancia que podía llamar la atención de grupos ajenos a la sanidad, pero debido a que no ofrecía efectos eufóricos tan marcados como los de la mescalina, nunca se imaginó que podía convertirse en lo que se convirtió.

La década de los 60

Para Hofmann, fue la actividad publicitaria de Timothy Leary, conocido como el apóstol del LSD, lo que más daño le hizo a la carrera de su sustancia como medicamento. Leary fue un gran promotor del uso del LSD entre jóvenes, cosa que Hofmann le reprochó abiertamente cuando se encontraron personalmente en Suiza. José Carlos Bouso apunta, sin embargo, que ya el LSD se había popularizado bastante para el momento en el que Leary aparece en escena, y que Hofmann sentía cierta animadversión hacia él porque creía que la asociación del LSD con el movimiento hippie le había arrebatado de las manos el Premio Nobel.

Si bien es cierto que ya en los años 50 el LSD había alcanzado cierta popularidad, otro factor determinante para que estallara su uso a niveles alarmantes durante la década de los 60 fue el vencimiento de las patentes que poseían los laboratorios Sandoz. Hofmann también explica cómo se hicieron grandes esfuerzos desde el laboratorio donde trabajaba para controlar rigurosamente que su producto fuera a dar únicamente a manos de especialistas que se encontraban investigando las facultades terapéuticas del ácido. Cuando en 1966 Sandoz interrumpe el suministro de LSD a cualquier laboratorio, tuviera este permiso o no, ya se había sellado su destino como droga ilegal. Para 1968 las leyes de narcóticos en Estado Unidos consideraban la posesión de LSD como un delito grave.

A medida que el sueño hippie se fue diluyendo, también fue descendiendo el consumo excesivo de LSD, al tiempo que fueron entrando en escena otras amenazas como la heroína. El LSD ha tenido pequeños conatos de reaparición con posteriores modas como las fiestas rave, pero por fortuna existe ya una mayor consciencia de las consecuencias que puede acarrear su consumo.

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