¿Por qué surge el deseo de consumir drogas?

El deseo de consumir drogas se debe a diversos factores biológicos, antropológicos y socioculturales, que promueven una búsqueda constante de información a través de experiencias y vivencias, las cuales pueden incluir actividades nocivas para nuestra salud.

Proceso neurológico general

Nuestro centro de comando, el Sistema Nervioso Central (SNC), rige decisiones y pensamientos. Está formado por millones de células (neuronas) interconectadas entre ellas que liberan minúsculos transmisores (neurotransmisores) para generar diversas señales en el cerebro. La liberación de un neurotransmisor genera una respuesta distinta que la liberación de otro y cada estímulo genera un tipo de respuesta neuronal.

Actividades como comer, beber, escuchar música, admirar un paisaje, tener sexo o bailar liberan neurotransmisores que en el SNC se traducen como placer o satisfacción. A esto también se le ha denominado Sistema de Recompensa o Gratificación. La sensación placentera promueve una asociación positiva con la actividad que se está realizando, y esta se perpetúa. Múltiples estudios se han realizado desde hace décadas con el objetivo de dilucidar cómo ocurre este proceso.

Construcción de la identidad individual

El ser humano va modelando su personalidad y su carácter con gustos y preferencias individuales que se seleccionan a medida que el individuo se va exponiendo a distintos estímulos durante su desarrollo. La necesidad de probar y conocer nuevas experiencias va en aumento desde el nacimiento, y alcanza un pico máximo en la adolescencia. En este momento, las personas tienen un alto deseo de experiencias fuertes con un pobre sentido de responsabilidad.

La adolescencia es el momento de la vida en el que el individuo está más expuesto al consumo de drogas, legales e ilegales. Esta necesidad adolescente se suma a la falsa sensación de seguridad que transmiten las drogas legales y a su normalización en celebraciones y festividades. Así se ha incentivado el consumo en la población joven, y ha ido disminuyendo progresivamente la edad del primer contacto.

En diversos países se han realizado encuestas a las poblaciones de mayor riesgo (adolescentes y adultos jóvenes) sobre la facilidad de procurarse ciertas sustancias. Según los resultados, las de más fácil acceso son el alcohol, el tabaco y la marihuana; sin embargo, la cocaína y los derivados de las anfetaminas escalan posiciones a ritmos alarmantes.

Las sustancias generan respuestas intensas en el Sistema Nervioso Central, ya sea activándolo (como con la cocaína y derivados de las anfetaminas) o inhibiéndolo (alcohol, marihuana, opiáceos, etc.). Esto provoca la sensación de satisfacción o placer y genera una asociación positiva entre el consumo y el bienestar. Entonces, si nos sentimos bien, todo bien, ¿no?

Pues no. La respuesta no está exenta de riesgos. La liberación de neurotransmisores no solo afecta al sistema de recompensa, sino que también provoca una respuesta generalizada en nuestro organismo causando daños inmediatos o a largo plazo que varían mucho según la droga y la cantidad consumidas. Prolongar el consumo lleva a un estado de tolerancia que exige un consumo mayor y más frecuente para obtener la misma respuesta de satisfacción. Así es como se genera la dependencia.

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