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Platzspitz: un experimento fallido

Mientras en España tenía lugar La Movida, otros lugares de Europa experimentaban fenómenos igual de preocupantes desde el punto de vista de las adicciones, pero sin todo el boom cultural español. Uno de esos lugares fue Suiza, donde el aumento del consumo de drogas como la heroína preocupaba a las autoridades. En Zúrich, la ciudad más grande del territorio, los adictos solían reunirse en un parque ubicado entre los ríos Sihl y Limmat, junto al Museo Nacional y muy cerca de la estación principal de trenes.

Después de siete años de intentos fallidos por contener la situación y sanear el parque, surgió la idea de condenar el lugar para salvar al resto de la ciudad. Así nació Platzspitz: el Parque de las Agujas, una zona de Zúrich en la que, desde 1987, era legal vender, comprar y hacer uso de todo tipo de droga. La policía no podía acceder a la zona ni llevar a cabo ninguna acción de control.

„Junkytown“ Zurich, Switzerland (1991) from UrbanHell

Aunque la teoría parecía interesante, la práctica fue un desastre. Pronto Platzspitz se convirtió en un foco de tráfico de droga para toda Europa, mientras que sus alrededores se volvieron el escenario perfecto para el robo y la prostitución. Además, las urgencias se vieron saturadas por las sobredosis. El ambiente era extremadamente insalubre; los propios asiduos de entonces lo describen como un lugar apestoso, nauseabundo, rebosante de basura, lodo y agujas usadas.

Naturalmente, Platzspitz no podía durar. En 1992, el gobierno suizo se vio en la urgencia de erradicar esta zona franca. Por supuesto, esto no eliminó los problemas de adicción. Las operaciones se movieron a otras zonas de la ciudad que, por presión de sus habitantes también fueron saneadas.

La epidemia de heroína y metadona solo pudo controlarse a partir de 1993, cuando se empezó a considerar la dependencia de sustancias como una enfermedad y se tomaron medidas sanitarias. Suiza comenzó a proveer a los adictos de dosis diarias controladas, utensilios limpios, centros de inyección seguros y supervisión médica para el consumo.

Estas medidas persisten hoy en día y la burocracia para acceder a los programas es extremadamente baja, para evitar la desmotivación. Porque, aunque no sea una solución ideal ni permanente, lo cierto es que en Zúrich, como en otras ciudades del mundo en las que se han aplicado medidas similares, se constató una disminución de los casos de sobredosis, los contagios de hepatitis y VIH, el crimen y la prostitución.

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