niños pequeños jugando con una tablet

Niños adictos a la tecnología

Los expertos desaconsejan el uso del móvil y otros dispositivos electrónicos antes de los 3 años de edad y recomiendan que los niños no tengan un dispositivo propio antes de los 12. De igual forma, el tiempo máximo que un niño de entre 3 y 5 años pasa frente a una pantalla no debería superar la hora diaria, ni las dos horas a partir de los 6 años ¡hasta los 18! Sin embargo, la realidad es muy distinta.

Basta subirse al transporte público de cualquier gran ciudad española para encontrarse a un bebé o niño pequeño, en edad de andar en carrito, consumiendo vídeos de YouTube en el móvil de sus padres o absorto en un videojuego repetitivo. El retiro del dispositivo puede ocasionar desde rabietas hasta auténticas y severas crisis de ansiedad que no se aplacarán hasta que el niño vuelva a tener acceso al dispositivo.

¿Qué les está pasando a nuestros hijos?

Los padres buscan apoyo en la tecnología para sobrellevar el cansancio y la necesidad de atender a sus hijos y otras cosas a la vez, pero muchas veces subestiman el peligro que esto implica. Los estímulos que se reciben a través de la pantalla son mucho más rápidos y fuertes que los que normalmente se pueden recibir en la vida real, ocasionando una sobreestimulación y, con el tiempo, un desinterés crónico por la vida no digital.

Por otro lado, los videojuegos más populares están diseñados para activar el sistema de recompensa del cerebro al poco tiempo de uso y gracias a la realización de una tarea muy sencilla. Esto es lo que permite fidelizar a los jugadores y monetizar los juegos, pero también es lo que ocasiona que los niños pequeños se acostumbren a que todas las tareas deban realizarse rápido, sin mucho esfuerzo, y representen una recompensa inmediata. La vida real difícilmente cumple con estas expectativas, ocasionando desmotivación y frustración.

¿Cómo podría afectar la adicción tecnológica en el futuro?

Además de la inmediata adicción a las nuevas tecnologías, la necesidad de estímulos adicionales a los reales y la habituación del sistema de recompensa son, claramente, portones de entrada a otras adicciones más peligrosas en el futuro, cada vez menos lejano. Lo cierto es que podríamos estar tomando niños perfectamente sanos y criándolos para transformarse en toda una nueva generación de enfermos, una generación de adictos.

Y las consecuencias no terminan aquí. Está demostrado que los niños que juegan videojuegos desarrollan más agilidad mental, habilidades lógicas, la capacidad de realizar varios procesos mentales a la vez y hasta perseverancia, pero también se ha visto que los niños que juegan demasiado pierden habilidades sociales y capacidad de concentración. Además, los niños que hacen un uso excesivo de pantallas desde temprana edad sufren problemas de visión y adquieren problemas posturales.

¿Cómo afecta en la adolescencia?

Por otro lado, existe ya toda una generación de adolescentes con severas dificultades para relacionarse con otras personas fuera del entorno digital. En una edad en la que la socialización es clave, y en la que suelen comenzar las primeras aventuras amorosas, estos adolescentes declaran no estar interesados en ninguna de esas interacciones. En torno a este sector de la población se está creando un nuevo universo de clasificación de la identidad sexual que va desde el desinterés no digital hasta la falta absoluta de interés por la creación de vínculos.

Ante estas alarmantes advertencias, algunos padres radicalizan la prohibición, cosa igual de contraproducente. La tecnología es un elemento indispensable de la vida contemporánea, y sería ingenuo pensar que nuestros hijos pueden estar exentos de ella. Además, privar por completo a los niños de este tipo de estímulos les impedirá desarrollar habilidades que necesitarán para desempeñarse correctamente en los estudios y el trabajo.

¿Cómo gestionar el uso de la tecnología?

La recomendación es que el uso de la tecnología esté regulado para toda la familia, adultos incluidos, pues es la única manera de que las limitaciones no se sientan como una prohibición hipócrita, sino como una norma de salud general. Los dispositivos deberían permanecer fuera de las áreas de la casa dedicadas a la socialización, el descanso y el estudio. Podría, por ejemplo, limitarse el uso del móvil al salón de estar, durante ciertas horas, mientras que estaría vetado de la mesa, las habitaciones y las reuniones familiares.

También es muy importante reforzar el uso no recreativo de la tecnología. Además de poder usarse para ver cosas divertidas, Internet es una gran herramienta de investigación, conocimiento y profundización de los intereses propios, así como de conexión con seres queridos que están lejos. Incentivar este tipo de uso de la tecnología es fundamental para propiciar conductas saludables en torno a ella.

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