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Los animales y su relación con las sustancias tóxicas

Los seres humanos no tienen el monopolio de las drogas recreativas. Los animales también son propensos a consumir drogas y a hacerse dependientes de ellas. Esto se ha demostrado en diversos experimentos, como la Caja de Skinner. Pero fuera del laboratorio, de manera natural, muchos otros animales han descubierto sustancias que generan estados de alteración y se los inducen intencionalmente.

Las cabras

Encabezan la lista porque diversos estudios históricos apuntan a que fueron ellas las precursoras del uso de diversas drogas. Las cabras no son particularmente selectivas a la hora de comer, y pueden ingerir sin mayores consecuencias desde cactus espinosos hasta trozos de plástico. Entre las muchas cosas que han pasado impunemente por el tracto digestivo de estos animales, están algunas de las drogas naturales que han entrado a formar parte del catálogo de sustancias recreativas de los humanos.

Al parecer, los humanos se animaron a probar ciertas plantas tras observar los efectos que tenían sobre las simpáticas cabritas que las ingerían. Entre ellas, se cuentan los granos de café, los frijoles de mezcal y las hojas de khat.

Los delfines

Uno de los casos más famosos y sonados en los últimos años es el de los delfines capturados por la BBC en una especie de juego de pelota. El detalle está en las toxinas liberadas por el «balón» —en realidad un pez globo—: tetrodotoxina. La sustancia, muy venenosa, tiene un efecto narcotizante en bajas dosis que los jóvenes delfines parecen disfrutar.

Los walabíes

La flora y fauna de Australia son famosas por su carácter exótico y sorprendente. El walabí, un canguro pequeño, es uno de sus animales más conocidos. A pesar de ser adorables, han perdido gran parte de su gracia para varios agricultores de la zona.

Australia produce cerca de la mitad del opio legal del mercado mundial, y es precisamente en estos cultivos en los que los walabíes se han estado colando. Después de comer parte de la futura cosecha, corren en círculos hasta caer inconscientes. Lo peor del caso es que se han buscado compañeros de juerga: al parecer, se ha corrido la voz entre las ovejas, que han decidido unirse a esta aventura psicotrópica australiana.

Los renos

Estos animales comparten hábitat con una especie de hongo muy particular: la Amanita muscaria, la seta alucinógena más famosa del mundo. Mientras buscan alimento en el frío siberiano, los enormes renos no desdeñan una mordida de estos hongos, que los hacen entrar en un estado alterado. Los chamanes del norte de Europa solían beber la orina de reno para obtener parte de las sustancias y compartir la experiencia alucinógena.

Una teoría sostiene que la leyenda de Papá Noel y los renos voladores tuvo origen gracias a este consumo.

Los felinos

No importa su tamaño, tampoco si están domesticados o en estado silvestre, los felinos aman la Nepeta cataria, también conocida como nébeda o hierba gatera. Se trata de una planta que crece abundantemente y que contiene nepetalactoae, un terpeno que se asemeja a las feromonas sexuales de los mininos.

La hierba produce estados de intenso placer durante unos 15 minutos en los cuales los gatos se frotan contra el suelo, babean, ronronean y emiten toda clase de sonidos de placer. El efecto, a diferencia del de la mayoría de las drogas, es completamente inocuo y se produce en la mayoría de los gatos domésticos, pero también en leones, tigres, pumas, linces y leopardos.

No todo es diversión

Existen otros casos documentados de animales que consumen sustancias, pero con fines prácticos. Por ejemplo, los mandriles comen iboga antes de las peleas para aumentar su energía y disminuir el dolor; y los búfalos de agua de Vietnam consumieron amapola durante la guerra de los años 60 para calmar el estrés que les ocasionaban los bombardeos.

¿Hay animales adictos?

A pesar de los numerosos casos de animales que hemos visto (y hemos dejado de ver) en este artículo, la dependencia de sustancias no se da en un entorno natural. El propio instinto de supervivencia impide que los animales se enganchen a esta conducta, pues es muy distinto tener resaca bajo las mantas de una cómoda cama que en medio de la selva despiadada.

Según el científico Giorgio Samorini, autor del libro Animales que se drogan, «el fenómeno de las drogas es un fenómeno natural, mientras que el problema de las drogas es un problema cultural».

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