Las apuestas ya son algo «normal» entre los jóvenes

La típica imagen de un grupo de señoras en un casino jugando al bingo, o la del abuelo solitario en el bar echando su pensión a la máquina tragaperras, o incluso la del padre maduro que dilapida los ahorros para la universidad de sus hijos, si bien pueden ser muy reales, no concuerdan del todo con la cara más amplia de la ludopatía en España.

La ludopatía se rejuvenece

Según reporta la Fundación de Ayuda a la Drogadicción del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, de 2016 a 2018 ha aumentado el hábito de apostar en la población menor a 24 años. Entre las cifras que más destacan está el aumento de 21% a 29% de varones adolescentes (con edades entre 14 y 18 años) que han apostado dinero online, y también el incremento del juego entre las chicas de la misma edad, que subió de 5.4% a 15.3%.

«Todo el mundo lo hace»

El reporte sugiere que hay una normalización del juego, y que los jóvenes (de 18 a 24 años) perciben las pérdidas del dinero en los salones como un gasto inherente a una forma de entretenimiento, como si se tratara de una salida al cine con sus amigos o algún plan similar. Muchos de ellos asisten a salas de juegos y centros de apuestas en grupo, cosa que refuerza la actividad. Adicionalmente, en el entorno juvenil se valora positivamente el saber apostar, cosa que también promueve el hábito.

En línea directa con el problema

Los jóvenes asiduos a los centros de apuestas dicen haber apostado alguna vez por Internet cuando aún no tenían la edad para asistir a un sitio físico. La infinita variedad de oferta en Internet, que va desde las apuestas deportivas a los más modernos juegos de azar, supone no solo un punto de partida, sino también uno de llegada.

Muchos de los que pasan por las salas de forma presencial acaban jugando online. La comodidad que ofrecen los medios virtuales, la posibilidad de seguir realizando otras actividades mientras se efectúan apuestas, la tentación de llevar siempre el centro de apuestas en el móvil y la facilidad de tener una tarjeta de crédito asociada a estos servicios terminan por consolidar el hábito.

Yo no, pero otros sí

Entre los testimonios recogidos por el estudio Jóvenes, juegos de azar y apuestas hay quien asegura que es evidente que cada vez asisten personas más jóvenes y que juegan de forma menos controlada. Así, un jugador asiduo de unos 24 años compara sus hábitos de juego con los de los aún más jóvenes y percibe que hay una conducta peligrosa. Sin embargo, no reconoce que la frecuencia de su juego sea indicador de un mal hábito.

De igual manera, los jóvenes admiten que suelen ocultar sus actividades lúdicas frente a sus padres, bien sea por considerar que serían desaprobados o porque sienten que no tienen que rendir cuentas a nadie mientras dispongan de su propio dinero.

Muchos de los entrevistados están convencidos de que apostar es una etapa pasajera propia de su generación. Los expertos, en cambio, ven una clara relación entre el aumento de jugadores jóvenes y las cifras de problemas relacionados juego.

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