un grupo de jóvenes

La realidad de algunas adicciones juveniles

La primera vez que tuvo noticias de la marihuana fue cuando un profesor del instituto le acusó de fumarla. Su hermano mayor era un estudiante modelo y él, en cambio, era vivaz y distraído, pero estaba muy lejos de ser el delincuente juvenil que le hicieron creer que era, hasta que se convirtió en ello.

Su historia no es única, ni mucho menos, es la de más niños y niñas que se ven condicionados a tomar caminos que quizás, no eran los que hubieran preferido transitar. Su historia es tan común que se podría considerar un arquetipo moderno. Bart Simpson es, en cierta manera, el mismo niño que él fue. Recuerda de forma recurrente ese episodio en el que Bart quiere dejar atrás su rol como bufón de la clase, pero es imposible. Que sea el bufón o el descarriado, es lo que se espera de él, y aunque en apariencia parece que la sociedad espera que ese rol de Bart no exista, lo cierto es que contamos con ese tipo de actitud, en general, estamos preparados para ello, a veces incluso, se incita.

Él era una especie de Bart Simpson, un poco más inofensivo e ingenuo, la verdad. Sus defectos eran ser un poco inquieto, de risa fácil y algo trasto. En el tránsito entre la infancia y la adolescencia, muchos de sus compañeros con las mismas características se lanzaron voluntariamente hacia caminos más arriesgados. Empezaron a fumar y a beber. Pero él solo se divertía haciendo una que otra travesura inocente en clase, y estudiar, en el sentido clásico del término, no era lo suyo, así que se dejaba conquistar sin mucho esfuerzo por cualquier tentación de fuga y esparcimiento. Pero, de nuevo, no era un mal chico, ni tenía intenciones que fueran más allá de las chiquilladas.

Sin embargo, “lo que se esperaba de él” terminó empujándole a las adicciones. La falta fue doble; en primer lugar, la expectativa que se tenía basada en la personalidad y las aptitudes de otra persona, su hermano mayor. La segunda fue de rebote. En contraste con las cualidades de su hermano, sus defectos se veían potenciados. De esta forma acabó relegado a esa zona del aula en la que se juntan los que no tienen futuro; a ser esa persona cuyos deberes no están bien hechos nunca, o si lo están es porque los copió; a ser el que no estudia para el examen; el que seguramente hizo la pintada de la puerta; el que se esconde para fumar en los baños; el que trajo la marihuana a la escuela.

Está más que probado por la pedagogía que decirle a un niño que es malo, independientemente de la razón por la que se diga, aunque sea de broma, mina la autoestima del niño y condiciona su comportamiento hacia esa supuesta maldad que ha venido demostrando. De igual manera, acusar a un adolescente de usar drogas, ser un vago, etc., va mellando poco a poco la imagen que tiene de sí mismo y le predispone a ser más vulnerable en situaciones de riesgo e incluso a provocar las situaciones de las que se le acusa.

En la adolescencia, construimos una imagen de nosotros mismos que en gran medida se basa en lo que los demás nos dicen que somos. Si te dicen ¡Eres un vago!, pero tú te estás esforzando por hacer tu trabajo, te decepcionas de ti mismo, de tus capacidades, y piensas ¿Soy un vago? Yo no quería, pero a lo mejor es que no soy capaz de no serlo. Y te dejas llevar.

Ahora sabe que la intención de su profesor no era dañar ni atacar, sino protegerle de un daño que pensó que se estaba haciendo a él mismo. También sabe que la manera en la que lo hizo no estaba ni cerca de ser la apropiada, pero comprende que la idea de la educación ha cambiado mucho desde sus tiempos de adolescencia y, en el fondo, no es su culpa. Al final de la historia, aquel profesor le ofreció disculpas, y eso también se agradece. Sin esa acusación, sin duda su historia hubiera sido otra; pero sin esas disculpas, seguramente también. Nunca es demasiado tarde para rectificar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Quieres recibir nuestra guía en PDF?

Déjanos tu email y la recibirás de inmediato
De conformidad con lo que establece la legislación vigente en materia de Protección de Datos de Carácter Personal, se le informa que los datos personales que nos facilite a través de dicho formulario serán tratados por HELP ADICCIONES, S.L., con la finalidad de gestionar su solicitud y enviarle información más detallada. Para más información consultar la política de privacidad.