luces de neon que representan el like de instagram

La adicción al ‘like’

Adicción a las redes sociales y a los likes

Sorprende pensar que hace tan solo un par de décadas nadie sabía lo que era Facebook, Instagram, Twitter o Snapchat. Hoy son herramientas de socialización que ocupan un altísimo porcentaje de nuestro tiempo. Quizá el primer indicio de que existe cierto peligro en ellas es la velocidad con la que se han extendido e incorporado en la vida de un número importante de la población mundial, más aún si se compara con el tiempo que tardaban las tecnologías y los actos culturales en afianzarse en nuevos territorios hasta que llegó la revolución digital.

La adopción de estas nuevas formas de socializar ha sido tan súbita que apenas empezamos a sacar conclusiones sobre los riesgos que representan para la salud individual y colectiva. No obstante, debido al gran volumen de casos de estudio disponibles, ya se han disparado las alarmas de los gremios de la medicina, la psicología, la sociología y la filosofía, que se han abocado a estudiar el desarrollo de conductas poco saludables respecto al uso de las redes sociales.

No siempre se puede medir la adicción en miligramos

El ser humano es capaz de desarrollar conductas adictivas con cualquier cosa, un ejemplo claro es la adicción a los juegos de azar, los videojuegos, las compras o las parejas. En todas estas, se describe el fenómeno de la misma forma: el objeto de la adicción le proporciona al adicto un placer que hace que desee volver al él una y otra vez, incluso por encima de los efectos adversos que puede tener sobre su vida.

Por otro lado, no podemos negar que las redes sociales son útiles y que tienen una gran influencia en las dinámicas sociales de hoy, basta con ver la importancia que ha cobrado LinkedIn en la vida profesional para entender lo complicado que es separarse de las redes sociales. Lo indispensable es observar si se incurre en actos poco saludables para seguir obteniendo el estímulo buscado.

¿Cómo podemos distinguir el uso del abuso?

  • Imposibilidad de mantenerse desconectado por largos periodos.
  • Excesivo tiempo invertido en las RRSS.
  • Desplazamiento de otras actividades fuera de las redes sociales para mantenerse conectado.
  • Necesidad de revisar la actividad y las notificaciones compulsivamente.
  • Descuido de responsabilidades.
  • Trastorno en los hábitos del sueño.
  • Pérdida de facultades de socialización fuera del entorno digital.
  • Disminución de la actividad física
  • Pérdida del interés por los asuntos que ocurren fuera de la pantalla.

Love me, please

Consumir el contenido de las redes sociales, que tiene el peligroso encanto de estar filtrado por los propios intereses individuales de cada usuario, no es el único medio de engancharse a ellas. El like, ese inofensivo botón para mostrar aprobación, puede ser otro detonante de una conducta adictiva. La necesidad de aprobación y de encuentro con otros (ya sean conocidos o desconocidos) puede llevar al usuario a obsesionarse con conseguir un número de likes que le satisfaga.

Últimamente se discute mucho sobre la posibilidad de que el like genere placer en el sistema de recompensa del cerebro, como lo hacen las sustancias psicotrópicas. Es cierto que esto también ocurre cuando recibimos un cumplido en la vida real o escuchamos una canción que nos gusta. El peligro está en qué tan urgente se hace la necesidad del individuo por repetir la experiencia, y cómo puede llegar a modificar sus patrones de conducta. Hay casos de depresión asociada a sentimientos de falta de relevancia en redes sociales, especialmente en adolescentes, quienes se encuentran en un momento complicado en el desarrollo de sus emociones y sus vínculos interpersonales. Vemos aquí una relación con las redes sociales que no es saludable.

Otra de las amenazas asociadas al hábito de las redes sociales, más allá de la adicción a las propias redes, es la posibilidad de encontrar respaldo a conductas de riesgo en otros usuarios que son reconocidos como pares. Así, se puede crear una ilusión de aprobación y normalización de comportamientos negativos como el consumo de alcohol y otras drogas, la violencia, la crueldad o los trastornos sexuales o alimenticios. En este sentido, es potencialmente peligroso el poder que tienen algunos usuarios famosos, conocidos como influencers, sobre la opinión y el comportamiento de audiencias manipulables.

Motivada por estas recientes preocupaciones, así como por las críticas que ha venido recibiendo sobre las dinámicas penalizantes de la plataforma, la red social Instagram está experimentando desde hace algunas semanas una versión en la que los likes no sean visibles. Según los resultados de las pruebas, se decidirá si implantar los cambios como la versión definitiva de la app.

Con esto se busca que los usuarios interactúen con los contenidos de manera más genuina, y no guiados por el precedente que establecieron quienes lo vieron antes que él. También persigue lograr interacciones más complejas y que propicien la comunicación más allá de la mecánica repetitividad del double tap, scroll, double tap. Facebook, por otro lado, no da señales de querer avanzar en ese sentido —por el contrario, parece propiciar las “reacciones”—, pero algunos desarrolladores independientes se las han ingeniado para deshacerse de los, para ellos, indeseados likes.

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