Esteroides: ¿drogas adictivas?

La mala fama de los esteroides está bastante extendida. Basta con que aparezcan en los análisis de un deportista para que su carrera se arruine. Pero ¿por qué? ¿Qué es lo que los hace tan malos?

Los esteroides anabólicos son hormonas sintéticas que, al igual que los andrógenos, están relacionadas con el desarrollo de características masculinas, como el crecimiento corporal, la musculación, el engrosamiento de la voz y el vello facial. Pese a la fuerte campaña en su contra, algunos cometen el error de entrar en la dinámica de los esteroides anabólicos con el anhelo de aumentar su desempeño atlético. Pero los músculos y los trofeos se tienen que pagar a un precio demasiado alto.

Pero ¿qué daño pueden causar?

Los esteroides están vetados de los deportes y el culturismo porque su uso prolongado acarrea daños significativos a la salud física y mental.

Entre las múltiples dolencias asociadas a los esteroides están el cáncer, disfunciones sexuales y genitales, paralización del crecimiento, obsesiones, delirios, agresividad extrema, celos, insomnio, tumores, problemas renales, calvicie, apoplejía, adelgazamiento de la corteza cerebral, problemas cardiacos y más.

¿Los esteroides son realmente adictivos?

Los esteroides son vistos desde afuera con una reputación similar a la de drogas ilegales como la cocaína, la heroína o las anfetaminas. Si bien se puede hablar de adicción a los esteroides anabólicos, también es cierto que el mecanismo por medio de cual se cae en una adicción es ligeramente distinto al de los psicotrópicos, aunque los resultados sean muy parecidos.

Las drogas psicoactivas, según sea el caso, generan una dependencia psicológica o física porque actúan sobre el funcionamiento normal de las neuronas, promoviendo la liberación o captación de distintas sustancias químicas en el cerebro que alteran el estado de ánimo o la percepción de la realidad. Estas experiencias suelen ser placenteras, lo que hace que el consumidor las repita, incurriendo en un hábito que termina por causar una necesidad orgánica de mantener esos niveles químicos anormales en el cerebro.

Con los esteroides, el camino es un poco indirecto. Los esteroides no actúan inmediatamente sobre el sistema de recompensa del cerebro. Sin embargo, el individuo que comienza a usar esteroides espera alcanzar unos resultados sobre su cuerpo. La sensación de bienestar que le genera el aumento de su rendimiento físico en la etapa inicial del consumo es el primer eslabón de la cadena adictiva. Lo que viene a continuación es la prolongación del uso de los esteroides y, con esta, el desarrollo de los efectos adversos para la salud del consumidor. Una vez que empiezan a aparecer las consecuencias negativas, el individuo no es capaz de abandonar el consumo, a pesar de tener suficiente evidencia de que los esteroides son perjudiciales para él.

A esto se le suma otra de las características típicas de una dependencia: el aumento de la dosis. El crecimiento muscular tiene un efecto inmediato sobre la autoestima del adicto a los esteroides, que desarrolla una obsesión por seguir haciendo crecer el tamaño de su cuerpo hasta sobrepasar su propia capacidad.

En muchos casos, los excesos de consumo y entrenamiento en los que incurre el adicto a los esteroides pueden causarle lesiones graves. Este es un punto crítico para el adicto a los esteroides, pues el sedentarismo obligatorio de un cuerpo con tantas exigencias físicas desencadena su desmoronamiento, lo que suele traer consecuencias físicas y psicológicas devastadoras.

Otra de las amenazas que asemejan a los esteroides anabólicos con las drogas psicoactivas es el riesgo de convertirse en trampolín para nuevas adicciones. Muchos consumidores incorporan a su cuadro los somníferos, los analgésicos y los ansiolíticos para equilibrar algunos de los efectos adversos de los esteroides.

¿Cómo se sale de esto?

Los adictos a los esteroides pueden llegar a desarrollar una dependencia tan fuerte que manifiestan síndromes de abstinencia similares a los de las drogas psicoactivas, con depresiones, trastornos de sueño, ansiedad, inquietud, fatiga y necesidad urgente de consumir.

Es posible tratar esta adicción con terapia individual y grupos de apoyo. Es muy importante estar atento a la aparición de depresión, pues podría conllevar a actos suicidas. Si el caso lo requiere, se puede combinar el proceso terapéutico con medicamentos para restituir el orden hormonal, reducir el dolor y controlar la ansiedad. Hay casos en los que puede ser necesaria la hospitalización por un periodo.

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