El consumo y la violencia

A pesar de que se habla cada vez más del tema del feminicidio, se dedica poca atención a estudiar los eventos que conducen a la muerte de las víctimas. Se entiende aquí feminicidio como el asesinato de una mujer perpetrado por su pareja (independientemente de que se trate de un matrimonio, un noviazgo, exista o no convivencia, etc.).

Entre 50% y 75% de las mujeres víctimas de violencia en la pareja no denuncian los abusos ni buscan asistencia para las lesiones (de leves a graves) que se generan de ellas. Según un estudio llevado a cabo en EEUU, 2 millones de mujeres sufren lesiones relacionadas con la violencia en la pareja cada año, de las cuales 1.600 mueren.

Alteración de la percepción de la realidad

Las investigaciones de los casos de feminicidio suelen seguir mecanismos estándar de investigación policial y cuentan con las narrativas de familiares, allegados y, por supuesto, el perpetrador —aunque, en muchos casos, este se encuentra bajo el efecto de sustancias en el momento del hecho por lo que muy probablemente tiene una visión alterada de la realidad—.

El uso de sustancias altera el comportamiento y las emociones de las personas, ocasionando disfunciones en las dinámicas de pareja. Los estimulantes como el crack, las metanfetaminas y la cocaína atacan el sistema nervioso y pueden producir aumento del deseo sexual y de la energía. Los consumidores crónicos pueden, además, sufrir paranoia, ansiedad, confusión y delirios, de forma que se acaban convirtiendo en violencia y comportamientos agresivos contra su pareja.

Un estudio en la ciudad de San Diego (EEUU) sobre 57 casos de femicidios ocurridos de 2006 al 2011 reveló que el 56% de ellos tuvieron lugar cuando uno o ambos miembros de la pareja estaba bajo los efectos de metanfetaminas. Al mismo tiempo, se demostró que el uso de sustancias contribuye a magnificar el problema, llegando a situaciones tan extremas como la toma de rehenes y la muerte.

El mismo estudio también evidenció el síndrome de abstinencia como un detonante para la agresión. La irritabilidad, los cambios de humor y las reacciones con agresividad propios de la privación del consumo en sujetos adictos, pueden actuar como factor desencadenante para toda clase de abuso y violencia en la pareja. Tanto los estudios científicos como las investigaciones policiales conducidas sobre el tema, ponen de manifiesto que los episodios de violencia no son premeditados sino espontáneos; producto de la impulsividad del momento. Sin embargo, esto no significa que no haya indicios previos.

¿Por qué la mayoría de las agresiones no se denuncian?

Muchas de las mujeres víctimas de violencia en la pareja se abstienen de denunciar episodios por tener antecedentes penales. Esto es especialmente frecuente cuando las víctimas son drogodependientes, se encuentran en otras situaciones de desventaja (como ser trabajadoras sexuales) o forman parte de minorías. Muchas de ellas consideran que su credibilidad es menor o temen a consecuencias penales.

Estos datos resaltan, una vez más, la necesidad de crear estrategias conjuntas e interdisciplinarias entre servicios sanitarios, servicios sociales y fuerzas del orden para atender casos de uso de drogas y prevenir sus consecuencias más trágicas. Asimismo, demuestran la importancia de entender las causas desencadenantes de situaciones de riesgo para poder desarrollar estrategias oportunas de intervención, tratamiento y prevención, tanto en las instituciones de salud como en las policiales.

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