Un chico mira atentamente unas neveras llenas de bebidas energéticas

¿Dónde nos llevan ‘las alas’ de las bebidas energéticas?

Las bebidas energéticas entraron al mercado prometiéndonos ‘alas’, literalmente. Desde entonces, su oferta se ha multiplicado exponencialmente, y hoy en día es difícil no encontrarlas en cualquier anaquel de bebidas, junto a los refrescos y al agua mineral. Pero ¿son realmente tan inofensivas como su oferta comercial y su consumo cotidiano sugieren?

Imagen de una lata de bebida energética

¿De qué están hechas las bebidas energéticas?

Los ingredientes principales de estas bebidas son cafeína, taurina, guaraná y azúcar, en distintas formas, todos ellos con efectos estimulantes sobre el organismo. Esto es lo que buscan sus consumidores, mayormente adolescentes y adultos jóvenes: tener más energía y permanecer más tiempo despierto y activo. Aunque todos estos componentes pueden obtenerse de manera natural a través de los alimentos, aquí se encuentran sintetizados y concentrados en altas dosis.

Efectos secundarios de su consumo

Su consumo genera una serie de efectos adversos, como:

  • Cambios en el ritmo cardíaco
  • Aumento de adrenalina, propiciando cuadros de ansiedad y reflejos vasovagales (pérdida de conciencia a causa del aumento de la disminución de la frecuencia cardíaca para compensar los altos niveles de adrenalina)
  • Deshidratación
  • Alteraciones en el sistema nervioso
  • Aumento de la presión arterial, que podría causar embolias, derrames e infartos
  • Vaso-constricción, que puede ocasionar daños renales, entre otras cosas
  • Inhibición de los neurotransmisores
  • Hepatitis y patologías hepáticas relacionadas
  • Sobrepeso y obesidad
  • Adicción y dependencia

Una persona encima de una montaña ingiriendo una bebida energética

¿Quiénes las toman?

A pesar de todo esto, y de que la mayoría de los consumidores habituales tiene cierta conciencia sobre la potencial toxicidad de estas bebidas, en Europa se encontró que el 68% de los adolescentes, el 30% de los adultos y el 18% de los niños las han consumido alguna vez en la vida. Los estudiantes universitarios se encuentran entre las poblaciones que hacen un consumo mayor y más habitual de estas bebidas, para mejorar su rendimiento, tanto académico como en la vida social.

Un chico sostiene una bebida energética entre las manos

¿Cómo reacciona nuestro cuerpo?

Naturalmente, el organismo desarrolla tolerancia a los componentes de las bebidas energéticas, por lo que los consumidores requieren una cantidad cada vez mayor para experimentar los efectos estimulantes, propiciándose así la dependencia, la adicción y la aparición de los efectos adversos. Es famoso el caso de María Allwood, quien llegó a consumir hasta 20 latas diarias de una conocida bebida energética, para sobrellevar largas jornadas laborales y su triple maternidad. Después de un colapso que la llevó a la emergencia del hospital, redujo gradualmente su consumo y restableció su salud perdida.

Imagen de una barra de bar en la que se ven combinados de alcohol y bebidas energéticas
Foto de RyAwesome en flickr CC BY-SA 2.0

Además de crear dependencia en sí mismas, las bebidas energéticas están asociadas con el consumo de otras sustancias, como alcohol, marihuana, cocaína, éxtasis, metanfetaminas y popper. El consumo conjunto de alcohol y bebidas energéticas está ampliamente extendido, conformando algunos de los más costosos y prestigiosos cócteles. Gracias a que las energéticas reducen la intensidad de los síntomas de la intoxicación alcohólica, propician un consumo de mayores cantidades de alcohol. Sin embargo, no tienen ningún efecto positivo sobre la coordinación motora y el tiempo de respuesta visual.

Imagen de unos niños subidos a una tapia

¿Se legisla al respecto?

A la luz de toda esta información, parece que estamos frente a auténticas drogas, pero legalizadas y sin ningún tipo de restricción ni de educación preventiva. En Canadá existe ya una legislación al respecto que regula la edad de venta permitida y desaconseja el consumo en general. Visto que en la mayor parte del mundo, incluyendo a España, las leyes parecen no haber advertido aún los riesgos que pueden traer estas bebidas, resulta urgente que sean los propios usuarios quienes se encarguen de educarse sobre su consumo consciente y moderado.

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