Delirium por alcohol (delirium tremens).

 

El delirium es una respuesta no específica del cerebro ante diversas agresiones intra o extracerebrales (infecciosas, traumáticas, metabólicas o sistémicas) que suele ser reversible. Puede ser secundario a la intoxicación o abstinencia de otras sustancias psicoactivas, como psicoestimulantes o fenciclidina, y también a múltiples causas orgánicas (infecciosas, traumáticas, vasculares, tumorales, etc.)

El delirium alcohólico requiere de un consumo excesivo y prolongado de bebidas alcohólicas, de varios años de evolución y suele aparecer ante circunstancias debilitantes del organismo como síndrome febriles, traumatismos, etc. Cursa con síntomas prodrómicos, como trastorno de sueño, irritabilidad, disforia, ansiedad, tensión, temblor e ilusiones visuales. Se caracteriza por un síndrome de confusión mental, que cursa con alteración de conciencia, orientación, atención y memoria y un síndrome alucinatorio-delirante que se presenta con graves trastornos perceptivos (ilusiones y alucinaciones), patología afectiva, insomnio, agitación psicomotriz e interpretaciones delirantes secundarias. Se acompaña de graves síntomas vegetativos (temblor, sudoración profusa, taquicardia, hipertermia) y disregulaciones hidro-electrolíticas que pueden poner en peligro la vida del paciente y requieren tratamiento médico en régimen de hospitalización.

Su inicio se sitúa en las 24-72 horas después de la retirada del alcohol y suele estar precedido de crisis convulsivas. Comporta una tasa de mortalidad alrededor del 10%, debido a colapso circulatorio, hiperglicemia irreversible, hipertermia maligna o infección intercurrente (Raistrick y Davidson, 1985). Suele durar entre 2 y 5 días (no suele sobrepasar los 14 días) y finaliza con un estado de sueño prolongado (Bleuer, 1967).

En su diagnóstico diferencial conviene considerar el delirium por intoxicación de psicoestimulantes, que suele cursar con alucinaciones táctiles y olfatorias, aparece pocas horas después del consumo y remite espontáneamente de 6 a 12 horas después.

El delirium inducido por cocaína tiene un inicio agudo, con ideas delirantes paranoides, seguido de conducta bizarra y extremadamente violenta, que requiere contención física. Cursa con trastornos de la atención, percepción, desorientación y deterioro cognitivo. Suele estar acompañado de hipertermia, midriasis e inestabilidad autonómica. Se pueden producir crisis convulsivas y muerte súbita, por colapso respiratorio, que puede aparecer de manera repentina e inesperada (Gay, 1982). Se parece al delirium inducido por anticolinérgicos o por fenciclidina. La presencia de sudoración profusa sería más característica del delirium por alcohol o cocaína que el inducido por anticolinérgicos, mientras que la presencia de intensa agitación y nistagmus lateral sería más característica del delirium por fenciclidina, que puede durar hasta una semana.

José Manuel Torres García

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