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Una de las mayores preocupaciones de los padres de adolescentes es el momento en que comienzan a salir por las noches. Se les abre un abanico de posibilidades, cuando comienzan la educación secundaria y cambian las amistades, pasando de las de la escuela de toda la vida a las del instituto. Por ello, se produce un cambio importante en su vida.

Uno de esos cambios es la posibilidad de comenzar a consumir sustancias tóxicas, que de no detectarse a tiempo, pueden conducir a una vida dominada por las adicciones. Posiblemente, se trate simplemente de la rebeldía propia de la edad, esa que les hace experimentar y sobre todo, romper las normas sociales para buscar un lugar entre su grupo de amigos.

Y llega el momento que los padres más temen, el del momento en que el adolescente puede comenzar a consumir sustancias ilegales. Es un consumo que, no obstante, puede ser detectado a tiempo y se puede actuar para evitar que vaya a más.

No hace falta señalar que la primera cuestión es hablar mucho con el adolescente, de manera que sepa y conozca los riesgos reales de estas sustancias y sus consecuencias. La prevención es siempre la mejor de las medidas para evitar las adicciones.

Pero muchas veces, la presión social y los amigos provocan que el joven acabe acercándose de alguna manera al consumo, y los padres han de estar atentos a las alarmas que anuncian que se ha comenzado el consumo de alguna de las muchas sustancias que existen a su alcance.

Sustancias como el alcohol, la marihuana u otras, que se consumen vía oral pueden provocar un aliento extraño, que es fácilmente detectable. Otro aviso es el estado de los ojos. La presencia de una pupila muy grande o muy pequeña es un síntoma de que están consumiendo alguna sustancia. Además, se suele detectar un movimiento de ojos muy rápido.

También se produce una tos persistente y un cambio en el apetito. Si se trata de cocaína o drogas de diseño, este disminuye, mientras que la marihuana provoca un aumento de este. La cocaína produce un comportamiento más nervioso y produce ansiedad e hiperactividad, mientras que la hierba o marihuana provoca apatía. También se nota en un abandono de la actividad escolar o de las actividades extraescolares.

En cuanto se detectan estos problemas, hay que comenzar a actuar y centrar la atención en su comportamiento. Es el momento de ponerse en manos de profesionales y estar abiertos a recibir la ayuda que se precisa para solucionar esta delicada y peligrosa situación.

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