Cocaína y desórdenes alimenticios

¿La cocaína hace bajar de peso? Su uso continuo genera supresión del apetito. Una vez que se inicia el camino a la recuperación, el adicto puede verse ganando peso de forma abrupta, haciendo así que ciertas recaídas tengan que ver con el rebound effect que sufre el metabolismo luego de parar la toma de la sustancia. Pero, ¿existe una relación entre alteración metabólica e ingesta de cocaína? A pesar de que la mayoría de los estudios permanecen en hipótesis, existen algunos argumentos que apuntan a esta posibilidad.

El efecto de la cocaína influye en el comportamiento del Sistema Nervioso Central, alterando la química cerebral, beneficiando una descarga atípica de dopamina y bloqueando el flujo normal de reciclaje, causando así una acumulación exagerada del neurotransmisor. Esto se traduce en una sensación placentera y eufórica. Debido a la continua sensación agradable, el cerebro tiende a generar dependencia velozmente.

Según un estudio para The American Journal of Drug and Alcohol Abuse, la información preclínica de algunos pacientes describe una preferencia por las comidas grasosas o altamente palatales, a pesar de que su índice de masa corporal permanece bajo. Cuando el adicto abandona la sustancia, los deseos por comidas altamente calóricas siguen siendo los mismos. Este fenómeno pareciera indicar una conexión entre la asimilación de la grasa bajo la sustancia y luego de ella.

Ingesta desmesurada de comidas calóricas y su relación con la dopamina

El estudio antes citado consiguió un fenómeno interesante a partir de la observación de ratas adictas a la cocaína: luego de la ingesta, estas habrían desarrollado la «necesidad» de comer comidas ricas en grasas y carbohidratos, en otras palabras, «altamente palatales», sugiriendo que bioquímicamente el origen de ambos comportamientos (la compulsión por la comida y la drogodependencia) se originan de la misma forma en el cerebro. La cocaína, además, inhibe la recaptación de la serotonina, ocasionando a su vez un incremento en el apetito del paciente.

Un desorden metabólico

La cocaína tiene efectos en la química cerebral, en los neurotransmisores que se encargan de regular la saciedad, ingesta de comida y el peso corporal. De esta forma se genera en el cuerpo del adicto una variación anormal en las reservas de grasa. Así, aunque el paciente continúa bajo la sustancia, el incremento del peso no es un problema (incluso mientras habitualmente se alimenta con comidas hipercalóricas).

Consecuencia en el peso al suspender su consumo

Como consecuencia de esta ingesta desmesurada de comidas altas en grasas, el resultado que se observa es un aumento considerable del peso corporal del paciente en recuperación. Sin sustancia que altere la química cerebral, pero con una dieta desordenada e hipercalórica, las reservas de grasa no permanecen sin alteración.

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