Apuestas: una adicción ‘invisible’

Son las 15:37 en la estación de Metro de Embajadores, en Madrid. El aviso luminoso indica que faltan 5 minutos para la llegada del tren. Hay tiempo de sobra. Un chico de entre 16 y 18 años se lleva la mano al bolsillo derecho y, realizando un gesto casi automático, vuelve a sacarla para darse un chute a la vista de todos. Nadie parece inmutarse. Después de un par de toques sobre la pantalla de su móvil, aparece un mensaje de confirmación; acaba de hacer su tercera apuesta online del día.

Adicción sin sustancias

En la reciente presentación del Plan Nacional sobre Drogas ante la Comisión Mixta para el Estudio de los Problemas de las Adicciones, uno de los pocos asuntos en los que pareció haber consenso fue en la preocupación sobre las apuestas online entre los jóvenes a raíz del confinamiento de la pandemia de Covid-19. Según la encuesta OEDA-COVID, se observó que en el tramo etario de 15 a 24 años hubo un aumento en la prevalencia del juego con dinero.

La brevedad con la que se realizan las operaciones, la disponibilidad constante de un centro de apuestas al alcance de la mano y la percepción de inmaterialidad del dinero con el que se apuesta son factores que facilitan el desarrollo de adicciones comportamentales relacionadas con las apuestas en los jóvenes, quienes, además, al ser nativos del mundo digital, están demasiado acostumbrados a la inmediatez y la gamificación de todo.

Cuando lo virtual se vuelve una amenaza

La inmensa oferta de tutoriales que prometen enseñar a cómo apostar para convertirse en un profesional capaz de generar ingresos exorbitantes no puede ser otra cosa que un síntoma más de hacia dónde apuntan los mayores peligros del juego online. Las nuevas generaciones, que ya han incorporado entre sus primeros sueños de infancia convertirse en influencers y streamers, encuentran en este tipo de contenidos un rol a seguir.

Quizá la razón más importante por la que el juego online con dinero es una amenaza para los jóvenes es la naturaleza virtual del mismo y la dificultad para establecer filtros efectivos que impidan que los menores puedan acceder a estas plataformas. En la vida real, un menor no puede entrar a un salón de juego. Si un adolescente de 14 años lograra colarse alguna vez a un casino, nadie le atendería ni tomaría su apuesta, sino que sería invitado a salir del establecimiento inmediatamente. En cambio, en los salones virtuales es mucho más fácil para un menor de edad pasar desapercibido.

Las formas de comportarse pueden ser una adicción

El uso excesivo de Internet como ocio también figura como otra de las preocupaciones de la Comisión Mixta para el Estudio de los Problemas de las Adicciones. Las autoridades reconocen el abuso de Internet y el juego online como adicciones comportamentales y empiezan a poner el ojo sobre ellas, especialmente en los grupos más jóvenes.

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