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Alimentos que generan adicción

No es malo para nadie comerse una fritura o un dulce de vez en cuando, lo que sí es malo es convertirlo en un hábito y, aún peor, en un vicio. Pero si comemos por necesidad, ¿cómo es posible transformar eso en una adicción? La clave está en los alimentos hiperpalatables.

¿Qué es la hiperpalatabilidad?

La palatabilidad es, según el Diccionario de la Lengua Española, la cualidad de un alimento de ser grato al paladar. Es decir, cualquier comida que nos resulte sabrosa es palatable, desde las frutas hasta los cocidos. Pero todos hemos experimentado la sensación de comer algo que al primer bocado nos sorprende en exceso por su gusto. Lo que sigue, generalmente, es que no podemos parar de comer. Y, luego, el antojo. Parece que esos alimentos se nos meten en la cabeza más que en el estómago, y no podemos dejar de pensar en ellos y en la próxima vez que podremos comerlos.

¿Suena conocido?

Cuando introducimos a la boca un alimento hiperpalatable, el cerebro recibe un estímulo inusual, mucho más fuerte de lo normal. Esto produce numerosas sensaciones que resultan placenteras y que deseamos que se repitan. Es básicamente lo mismo que sucede con una droga recreativa.

Si son alimentos y son ricos, ¿qué tiene de malo?

Lo malo no es que sean sabrosos y deseemos comerlos todos los días, más de una vez al día. De hecho, las frutas son dulces, sabrosas, y deberíamos comer entre 3 y 5 a diario. La diferencia está en la composición de estos alimentos. Mientras que las frutas están llenas de agua y varias vitaminas, y sus azúcares se metabolizan correctamente gracias a su composición, los alimentos hiperpalatables tienen un alto contenido en grasas (generalmente saturadas), azúcares libres (aun cuando sea fructosa), hidratos de carbono, colorantes, estimulantes  y varios químicos. Además, suelen ser sometidos a procesos que potencian el efecto dañino sobre el organismo (como la fritura a altas temperaturas) y su valor nutricional es muy escaso.

En la mayoría de los casos, los alimentos hiperpalatables desplazan a los otros alimentos de la dieta —en parte porque, una vez acostumbrados a ellos, todas las otras cosas no nos saben a nada—, y empiezan a constituirse en la mayoría o la totalidad de los alimentos que consumimos. Entonces, además de los problemas de salud que ocasionan sus componentes, nos encontramos con todos los déficits que la falta de alimentos reales conlleva.

Si estos alimentos tienen un efecto tan dañino, ¿por qué no están prohibidos?

1. Las razones son varias. La primera es que estos alimentos no pueden considerarse veneno en sí mismos; porciones pequeñas y esporádicas no tienen ningún efecto adverso sobre el organismo. El perjuicio sobre el cuerpo aparece con el consumo elevado y habitual, por lo que se manifiesta a largo plazo. Por eso, a pesar de que se ha demostrado ampliamente que hay muchos alimentos nocivos para la salud, el hecho de que no produzcan daños de forma inmediata nos sigue dando la sensación de que son seguros.

2. La segunda razón es doble: se trata de la tradición y el aumento de la calidad de vida. “Se ha comido toda la vida” es una frase recurrente cuando se habla de platos como el beicon o las torrijas, por poner un ejemplo, pero es necesario prestar atención, más que al alimento en sí, a la frecuencia con la que se consume y al porcentaje que representa en nuestra alimentación. Mientras que tradicionalmente esos alimentos se comían en ocasiones especiales, el aumento de la calidad de vida ha hecho que podamos permitirnos comerlos más a menudo y, por supuesto, que nos demos el lujo de hacerlo.

Al aumento exponencial en la frecuencia de consumo debemos sumarle el hecho de que gran parte de los alimentos palatables que consumimos hoy en día no están preparados de forma artesanal, sino industrial. Esto implica que son ultraprocesados, que usualmente contienen un gran número de ingredientes de baja calidad y refinados; llevan añadidos para obtener el sabor, la textura y el aspecto deseados; y sufren numerosos procesos de transformación, en su mayoría dañinos.

3. La tercera razón es el libre albedrío. Cada quien puede decidir qué, cuándo y cuánto comer, por lo que no puede prohibirse el comercio de un alimento ultraprocesado como se puede prohibir el de las drogas sintéticas. El problema principal, en este caso, es la desinformación, pues la industria empuja al consumo desmedido a un consumidor que no conoce los riesgos a largo plazo de estos productos ni está formado para limitar la ingesta a límites saludables.

El consumo de las drogas ilegales es combatido constantemente con campañas educativas, mientras que la industria de la alimentación aún goza de buena reputación, en parte por sus esfuerzos sistemáticos por ocultar, camuflar y tergiversar los efectos de muchos de sus productos. Así encontramos en el mercado una cantidad abrumadora de productos cuyo diseño de empaque transmite una sensación de salud y bienestar, cuando en realidad son perjudiciales.

Lo mejor para ser un consumidor consciente es priorizar los alimentos naturales y no procesados y leer la lista de ingredientes de todos los productos procesados para identificar los buenos procesados.

¿Qué ingredientes evitar?

  • Glutamato monosódico: es un potenciador del sabor que se usa tanto en productos procesados como en preparaciones de restaurantes. El objetivo es exaltar el sabor de ingredientes preciados en la preparación, aunque su cantidad sea mínima. Esto permite enmascarar las deficiencias nutricionales de los platos y la presencia de ingredientes de baja calidad. Además, inhibe la sensación de saciedad, por lo que invita a comer compulsivamente, más allá de las propias necesidades e, incluso, capacidades.
  • Azúcar en todas sus formas: no importa que sea azúcar de caña, fructosa o miel, lo cierto es que los azúcares agregados en las preparaciones son dañinos porque no se metabolizan de la misma manera que los integrados naturalmente dentro de la composición de los alimentos. Los azúcares, además, son estimulantes, y generan adicción. En cuanto a la miel, se trata del producto más falsificado en el mercado, pues la mayoría de las mieles que se comercializan contienen jarabes y caramelo. Aún cuando se tratase de miel natural, no es recomendable consumirla a diario.
  • Grasas animales y aceites de semillas, especialmente saturados: lo mejor es consumir preparaciones que lleven aceite de oliva virgen extra y grasas vegetales en estado natural, no sometidas a altas temperaturas.
  • Colorantes: aunque no causan adicción por su consumo, se trata de aditivos químicos innecesarios que generan otro tipo de satisfacción adictiva vinculada con la estética de los alimentos. También se ha demostrado que muchos de ellos son altamente cancerígenos.

Estos son solo algunos de los ingredientes que pueden resultar nocivos para la salud, además de adictivos, sin mencionar los procesos de preparación. Para gozar de buena salud y evitar la adicción a los hiperpalatables, es necesario ser un consumidor consciente y responsable. Una vez más, encontramos que la información y la mesura son grandes aliados para combatir y evitar adicciones.

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