Alcohol y violencia intrafamiliar

Según estudios casi 5 millones de niños sufren las consecuencias del consumo de alcohol por un miembro fundamental del núcleo familiar, es probable que la cifra real se acerque más a los 8 millones.

En términos generales, existen muchos esfuerzos de concienciación sobre las drogas ilegales. Por otro lado, existen muchos estudios y esfuerzos de prevención y respuesta ante la violencia de género, pero se subestima enormemente la relación entre el consumo de alcohol y la violencia dentro de la familia. En realidad, este es un factor desencadenante de mucho peso, y con frecuencia genera inestabilidad y disolución del núcleo familiar.

Consecuencias del alcoholismo en la familia

El alcohol es un elemento muy presente en casos de violencia de género dentro de la familia. A veces actúa como atenuante en perjuicio de la víctima, dado que el agresor es, a todas luces, una persona que sufre una enfermedad. Si bien esto es cierto, es alarmante la falta de mecanismos de mediación, protección de la víctima y resolución de conflictos en estos casos.

El cuidado y la educación de los hijos es otro problema que se trata con ligereza. No se deben subestimar las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de la exposición infantil a episodios de violencia y abuso (emocionales, comportamentales y físicos), sin mencionar los graves riesgos a los que se ven expuestos los hijos durante los episodios de intoxicación de sus padres.

Cómo afrontan el problema las instituciones

El informe de Problemas con el alcohol en la familia, de la Comisión Europea, llama la atención sobre el descuido de los aspectos antes mencionados, evidenciando que no existen siquiera estadísticas oficiales sobre los casos de violencia intrafamiliar donde el alcohol tiene un protagonismo importante. Lo cierto es que, además de no estar descritos ni registrados, estos problemas tampoco están tratados. Generalmente, los involucrados caen en un vacío institucional que les impide recibir la ayuda indispensable para atajar el problema.

Las instituciones públicas que prestan ayuda a quienes sufren de alcoholismo usualmente no tienen mecanismos ni competencias para asistir a los otros miembros de la familia. Por otro lado, las instituciones encargadas de abordar los problemas de violencia de género o aquellas a las cuales les compete la asistencia infantil no tienen posibilidades de asistir simultáneamente a las víctimas y a la persona que abusa del alcohol.

Por tanto, según el informe, es necesaria una tipificación del problema y el desarrollo de mecanismos integrales para todos los miembros del grupo familiar. De esta manera, se podrían tratar y solucionar a la vez los problemas de dependencia y de violencia, que están profundamente interconectados. Por lo pronto, el problema sigue siendo conducido mayormente en silencio y dentro de la esfera íntima. Las instituciones privadas son las mejor preparadas para afrontar el asunto del alcohol en la familia con un enfoque dilatado.

El informe también propone combatir el problema desde la prevención. Entre las recomendaciones, se sugiere que en la educación para la salud no solo se muestren los efectos negativos del alcohol sobre el cuerpo, como se ha venido haciendo tradicionalmente, sino que se haga más hincapié en su capacidad para deteriorar y destruir las relaciones sociales.

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