Adicciones y enfermedades de transmisión sexual

Para los organismos de salud pública del mundo, existe una clara relación entre el consumo de sustancias, que alteran los estados de conciencia, y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Esto representa un doble problema, tanto para los profesionales de la salud como para los individuos que padecen alguna adicción.

¿De dónde viene esta relación de drogas y ETS?

Por encima de los ya muy remarcados riesgos de las jeringuillas compartidas, existe una amenaza que es más evidente y que, curiosamente, puede pasar desapercibida con mayor frecuencia: las prácticas sexuales de riesgo.

Las alteraciones de la conciencia producidas por el consumo de alguna sustancia reducen las capacidades de discernir la realidad y aumentan las posibilidades de desplazar ciertas prioridades que son importantes para el individuo en condiciones de sobriedad. Bajo la influencia de las drogas, los consumidores pueden llegar a experimentar un aumento de la libido al tiempo que se sienten más desinhibidos.

Una muestra alarmante de cómo se pueden vincular estos dos problemas de salud se evidencia en el repunte de enfermedades venéreas que se reportan con la llegada de los festivales musicales en los Estados Unidos y Europa cada año. Según la aplicación HerpAlert, los diagnósticos de herpes aumentan de una decena al centenar en cuanto inician los festivales en el sur de California.

Por otro lado, el consumo de drogas en este tipo de eventos es público y notorio. De hecho, es posible encontrar en Internet copiosa información sobre qué drogas consumir en función del cartel musical. El MDMA (o éxtasis), que figura entre las favoritas, es una droga que puede llevar al consumidor a sentir amor espontáneo y empatía hacia otros, aumento del placer al contacto con la piel y energía excesiva. Todo esto brinda el caldo de cultivo perfecto para la práctica de relaciones sexuales de alto riesgo.

Fuera de los festivales, informes de los Centers for Disease Control and Prevention en Estados Unidos llaman la atención al mostrar cómo enfermedades como la sífilis han pasado de estar prácticamente erradicadas a tener repuntes de hasta 156% de la mano de epidemias de metanfetaminas y drogas intravenosas, del mismo modo que ocurrió en los años 80 y 90 con el crack.

Una de las otras razones por las que se asocian las adicciones y las ETS es el la práctica de relaciones sexuales a cambio de drogas o dinero. Por lo general, quienes se prestan para este tipo de intercambios sufren dependencias muy fuertes que ya han trastocado la escala de prioridades en sus vidas, por lo que cuidarse usando preservativos o escogiendo a sus parejas sexuales deja de ser algo importante. A su vez, estas personas se convierten en vectores de las enfermedades, poniendo en riesgo a sus múltiples parejas.

En España, un estudio de Carmen Meneses Falcón sobre los Usos y abusos de drogas en contextos de prostitución evidencia que la cocaína y el alcohol son drogas ampliamente reconocidas como problemáticas en estos entornos. Muchas de las trabajadoras sexuales entrevistadas consideran que es contraproducente el uso de sustancias antes o durante el servicio, pues se puede perder el control de la situación y descuidarse en un momento vulnerable en el que se encuentran a solas con sus clientes. De igual manera, reportan que es frecuente que algún cliente intoxicado intente llevar a cabo relaciones sin protección, retirándose el preservativo o rompiéndolo intencionalmente.

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