Adicciones de conducta en tiempos de Covid-19

Durante el confinamiento por la crisis del Covid-19 han surgido numerosas propuestas para trasladar las actividades cotidianas a soportes digitales y suplir la interacción social que antes se llevaba a cabo presencialmente. Sin duda, se trata de una solución pertinente y beneficiosa para mitigar los efectos del aislamiento y drenar el estrés ocasionado por la situación de emergencia. Sin embargo, lo que resulta beneficioso durante esta contingencia podría ser perjudicial una vez que haya pasado.

La ‘nueva normalidad’ mostrará las secuelas físicas, psicológicas y sociales del confinamiento. Entre ellas, surgirán problemas relacionados con las adicciones, incluyendo en gran medida las conductuales. Se espera que los adolescentes sean más propensos a emerger del confinamiento con este tipo de dependencias, pero la verdad es que todos los grupos sociales son vulnerables.

Aquí revisaremos rápidamente algunos tipos de adicciones conductuales que ya hemos tratado antes y su relación con la pandemia.

Adicción a las redes sociales

Lo que antes podía parecer un capricho o una desviación de la conducta social natural se convirtió en una necesidad debido a la imposibilidad de relacionarse personalmente con los seres queridos. Las ya omnipresentes redes sociales se convirtieron en la única vía posible para mantenerse en contacto con familiares y amigos y para asistir a eventos sociales.

En España, el uso de las redes sociales aumentó de media en un 55%, mientras que las videollamadas y las transmisiones en vivo a través de Instagram se duplicaron. ¿Quién no ha hecho, ha participado o, por lo menos, ha visto un Instagram Live durante la cuarentena? La cantidad de streamings a través de esta red social ha sido tal que muchos eventos digitales tuvieron que esperar su turno para ser transmitidos debido a que el flujo de datos a nivel mundial ha superado las capacidades de la red; otros eventos, menos afortunados, han visto problemas de conexión tan graves que han tenido que cancelarse.

Mientras que las redes sociales eran algo que trataba de limitarse en los adolescentes antes de la pandemia, durante el transcurso de ella ha pasado a ocupar buena parte del tiempo de toda la familia, incentivando así su uso y la aceptación de su abuso. Es posible que el fin del aislamiento venga cargado de una gran necesidad de retomar los contactos sociales en la vida real, pero también es poco probable que las poblaciones más jóvenes logren desprenderse de los hábitos afianzados durante este período.

Niños adictos a la tecnología

Controlar el uso de la tecnología en las poblaciones adolescentes es complicado, pero las edades infantiles no facilitan mucho las cosas. Los niños ya se encontraban excesivamente expuestos a los estímulos tecnológicos. Durante el confinamiento, esa exposición no ha hecho más que crecer. A esto se le suman factores determinantes, como la urgencia de los padres por mantener tranquilos y ocupados a sus hijos pequeños mientras hacen trabajo remoto o el paso de la escolaridad a la modalidad online.

Adicción a los videojuegos

Entre las muchas recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho con relación al Covid-19, se encuentran algunas específicas para mantener la salud física y mental de las personas sanas durante el confinamiento; una de ellas es jugar videojuegos.

Aunque la OMS especifica que la recomendación es jugar videojuegos activos (es decir, que exijan movilidad física), la comunidad de jugadores montó en cólera y acusó a la OMS de hipocresía por haber tratado el gaming como perjudicial para la salud durante años solo para luego recomendarlo en momentos de crisis. Resulta evidente la diferencia entre jugar activamente una partida en Ring Fit Adventure y sentarse durante 12 horas seguidas a disputarse un campeonato de League of Legends, pero también se debe diferenciar entre un entretenimiento ocasional y un trastorno de dependencia.

Lo cierto es el período de confinamiento ha disparado el uso de videojuegos y también ha hecho aumentar el número de jugadores. Durante los primeros días de confinamiento en España, la participación en partidas online se triplicó; las altas de nuevos jugadores aumentaron en un 65% durante la semana y en un 175% durante el fin de semana; y la demografía se modificó, viendo el porcentaje de mujeres jugadoras subir de un 5% a un 30%. Más del 50% de las partidas se jugaron en dispositivos móviles y no en consolas, lo cual apunta a que se trata de jugadores que están incursionando en los videojuegos o que no tenían un hábito lo suficientemente arraigado como para poseer un dispositivo exclusivo para jugar. Finalmente, pasado el rush inicial, el porcentaje de partidas online jugadas se estabilizó en un 55% más de lo normal.

El confinamiento trae consigo un trastoque de las rutinas que también hace difícil poner límites para las horas de esparcimiento pasadas frente a las pantallas. Además, los videojuegos online son otra vía alternativa de socialización. Todos estos elementos incentivan el establecimiento de hábitos que pueden derivar en conductas adictivas, especialmente en la población joven.

Adicción a las compras

Este problema abarca a un sector demográfico más amplio: compran en línea desde los adolescentes hasta los adultos mayores. Durante el confinamiento se conjugan una serie de factores que pueden propiciar hábitos de consumo insanos.

En primer lugar, como no se puede salir a comprar lo que se necesita en la tienda de siempre, que ya se conoce y genera menos curiosidad, se opta por las antes tal vez menos comunes alternativas online. La mayor disponibilidad de tiempo libre permite al comprador navegar largamente en la búsqueda del objeto deseado, topándose por el camino con una infinidad de artículos atractivos e innecesarios diseñados para generar urgencia de compra.

En segundo lugar, el uso de dinero electrónico y, en muchos casos, de tarjetas de crédito ocasiona una percepción distorsionada del gasto, influyendo en los criterios de auto control del individuo. Por último, pero no menos importante, en una situación de estrés, incertidumbre, con un aplanamiento casi absoluto de los picos de novedad y variedad, y una disminución considerable de estímulos gratificantes, recibir en la puerta de casa una compra no indispensable produce una sensación de recompensa magnificada que fácilmente puede iniciar un trastorno conductual.

Aún es pronto para evaluar los verdaderos efectos del confinamiento sobre cualquier aspecto de la vida humana, pero es muy importante mantenernos al tanto de los posibles riesgos para prevenir conductas perjudiciales y saber cómo afrontarlas en caso de que se presenten.

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