Adicción y opioides ¿Podría un chip ser la solución para personas enfermas de adicción?

Usualmente relacionada con drogas duras como la heroína, la problemática de los opioides ha mutado y se ha expandido, especialmente en los países de primer mundo, de manera severa. Sin embargo, un grupo de estudio médico en West Virginia puede haber encontrado una solución posible para los impulsos de dependencia que genera la droga.

La adicción a los opioides es una enfermedad duradera y crónica que causa problemas de salud, sociales y económicos lacerantes. Los opioides son una clase de droga que actúa en el sistema nervioso para producir sentimientos de placer y alivio de dolor. Algunos opioides, y de hecho es esta la principal vía por la cual son obtenidos por la mayor parte de la población, son recetados legalmente por proveedores de atención médica para controlar dolores severos y crónicos. Los comúnmente recetados incluyen oxicodona, fentanilo, buprenorfina, metadona, oximorfona, hidrocodona, codeína y morfina. La adicción a los opioides se caracteriza por un impulso poderoso y compulsivo de abusar de estos químicos, incluso cuando ya no se requieren médicamente. Además de su potencial peligro de adicción, también pueden causar muerte por sobredosis. Las personas que se vuelven adictas priorizan obtener y usar estas drogas sobre otras actividades en sus vidas. Para empeorar la situación, aún no hay un resultado de estudios formales que pueda responder por qué algunas personas tienen más probabilidades de volverse adictas que otras.

Los opioides cambian la química del cerebro y conducen a la tolerancia a los medicamentos, lo que significa que con el tiempo la dosis debe aumentarse para lograr el mismo efecto. Tomar opioides durante un período prolongado produce dependencia, de modo que cuando las personas dejan de tomar el medicamento tienen síntomas físicos y psicológicos de abstinencia como calambres musculares, diarrea y ansiedad. Los síntomas de la adicción incluyen antojos incontenibles e incapacidad para controlar el uso de opioides a pesar de estar completamente al tanto de sus efectos negativos.

Todos los días, más de 130 personas en los Estados Unidos mueren por una sobredosis de opioides. En West Virginia, donde se encuentra una rama del instituto de neurociencia Rockerfeller, esta cifra de mortalidad representaba casi cincuenta muertes por cada cien mil personas en 2017.

El Dr. James Berry, presidente interino del Departamento de Medicina del Comportamiento y Psiquiatría de la Universidad de West Virginia, declaró que:

«A pesar de nuestros mejores esfuerzos utilizando las modalidades de tratamiento actuales basadas en la evidencia, existen varios pacientes que simplemente no mejoran. Algunos de estos pacientes siguen teniendo un riesgo muy alto de sufrir problemas de salud catastróficos e incluso la muerte».

Pero agrega también:

«DBS podría ser una herramienta valiosa en nuestra lucha para mantener a las personas vivas».

DBS (Deep Brain Stimulation – Estimulación Cerebral Profunda) es un procedimiento neuroquirúrgico que implica la colocación de un dispositivo médico llamado neuroestimulador en el cerebro que envía impulsos eléctricos, a través de electrodos implantados, a objetivos específicos para tratar trastornos de movilidad física, temblores esenciales y distonías. Si bien sus principios y mecanismos subyacentes no se entienden completamente, se ha probado que un chip DBS puede cambiar directamente la actividad cerebral de manera controlada. En síntesis, el chip funciona como un «marcapasos» cerebral que restringe o redirecciona ciertos impulsos neurológicos, tanto inconscientes como conscientes.

Esta tecnología se ha probado en numerosos casos de Parkinson, y el equipo del doctor Ali Rizai ha decidido ahora experimentar con su uso en el tratamiento de impulsos adictivos relacionados con opioides para «ayudar a las personas gravemente afectadas por el trastorno por consumo de opioides».

Es bajo esta esperanza que cuatro afligidos de esta enfermedad narcótica (entre los que está Gerod Buckhalter, que ha combatido a la enfermedad y varios casos de sobredosis por más de una década) se han ofrecido para participar en este estudio médico, en que la mezcla de microtecnología y neurociencia intenta detener los pasos agigantados de esta creciente epidemia.

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