Adicción, una enfermedad hereditaria

Se suele decir que está todo escrito en el ADN, desde la posición que ocupará un niño en la fila del colegio hasta la edad en la que empezará a aparecer calvo en las fotos de la empresa. Los genes determinan una gran cantidad de aspectos de nuestras vidas, entre los que está también la propensión a ciertas enfermedades. 

Las adicciones no están fuera del testamento

Los descendientes de personas adictas suelen presentar anomalías en sus sistemas frontoestriatales. Estas deformaciones, visibles con resonancia magnética, se asocian con deficiencia de autocontrol y mayores niveles compulsividad e impulsividad. Naturalmente, un individuo que genéticamente tiene una capacidad de autocontrol menos fuerte, tendrá más probabilidades de desarrollar algún hábito nocivo, desde la ludopatía o la ingesta desmesurada de alimentos hasta la adicción a alguna droga.

Es cierto que no todas las personas que consumen drogas se vuelven adictas, y esto puede deberse, en parte, a sus genes. Por otro lado, también se han estudiado casos en los que hay descendientes de adictos que no son dependientes, mientras que sí lo son sus hermanos. Según los resultados de resonancia magnética, tanto los dependientes como sus hermanos no adictos presentan anormalidades en el sistema frontoestriatal. De tal modo que eso que llamamos personalidad adictiva, además de venir condicionado por la genética, termina desarrollándose por la acumulación de experiencias a lo largo de la vida. Es posible fortalecer al individuo a través de una educación que le enseñe a mantener hábitos saludables y a plantearse metas que lo aparten de los hábitos destructivos.

Otras herencias

Una forma más directa de adicción heredada, por supuesto, es la que la madre adicta transfiere al feto durante el embarazo. En este periodo, el bebé recibe todos los nutrientes que necesita a través del cordón umbilical. Si la madre consume alguna sustancia, esta pasa directamente al gestante. Si la madre suministra al niño dosis constantes, este desarrollará una dependencia incluso antes de haber nacido. Los hijos de madres adictas suelen llegar a tener problemas físicos o cognitivos importantes que deben acarrear a lo largo de sus vidas. De igual modo, los espermatozoides de fumadores de tabaco engendran descendientes con trastornos del comportamiento y del aprendizaje.

Por último, también cabe mencionar lo que podríamos llamar una herencia cultural que recibe el niño en su entorno. Los niños que crecen con la influencia de adultos adictos tienen muchas más probabilidades de replicar sus hábitos. Aunque esto ya no tenga que ver con la carga genética, sigue siendo un factor muy importante frente a la amenaza de la adicción.

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