Los problemas más graves que afrontamos a la hora de tratar la enfermedad son :

-La falta de recursos.
-La ausencia de un criterio unificado.
-La escasa formación e información que se recibe en carreras tan importantes relacionadas con el tema como la medicina (en su especialidad de psiquiatría) y la psicología.

Estamos hablando de una patología mental y sin embargo la Seguridad Social no dispone de recursos propios para un ingreso (lo deja todo en manos de asociaciones y ONG´s), ni cubre los gastos de las personas que recurren o bien a esas instituciones subvencionadas, o a tratamientos particulares.
Lo mas parecido a una asistencia se da en los CAS (hablamos de Catalunya; en el resto de las CC AA el sistema es similar, allá donde existe). El tratamiento, en estos casos, es de régimen ambulatorio. El proceso de desintoxicación (si el enfermo no tiene suerte y no dispone de una de las escasas plazas para desintoxicación hospitalaria) lo realiza en su domicilio siguiendo unas pautas que se le dan en el CAS. A partir de ahí, una persona con sus facultades mentales severamente alteradas, tiene que intentar entender qué le sucede (si tiene la fortuna de encontrar personal cualificado que se lo sepa explicar) y esperar que en la fase temprana de este proceso no ocurra algo que lo lleve a una recaída.

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Por otra parte, no existe ningún tipo de coordinación ni unificación de criterios entre los diferentes recursos. Cada CAS aplica la filosofía de tratamiento según los conocimientos del tema que tenga el profesional de turno que está al cargo. Así nos encontramos con sitios en los que se aplica un tratamiento libre de toda sustancia (el único modo de garantizar una recuperación), que son los menos, y otros en lo que esto no se tiene claro de ninguna manera, y se hace una separación de las sustancias (se crean grupos de adictos según la sustancia que dicen consumir preferentemente). Se tiende a separar las sustancias ilegales de las legales y, en algunos casos no se concede importancia al consumo de alcohol con tal de que no se consuma la sustancia ilegal.

Otro problema importante es que no se efectúa un control a largo plazo, con lo cual es imposible evaluar la efectividad del tratamiento. Este hecho, unido al elevadísimo índice de fracaso (recaída, abandono de tratamiento), lleva a instaurar una percepción entre los profesionales que trabajan en el medio de que el problema es insoluble y sólo unos pocos pacientes son capaces de conservar la abstinencia a largo plazo.
El panorama no es mucho mas alentador en el ámbito de los recursos subvencionados. En su gran mayoría parten del modelo tradicional de comunidad Terapéutica, que en España nació en la década de los 70 para intentar atajar el problema de los heroinómanos, y que de alguna manera (aunque con pocos cambios) se ha ido adaptando a la problemática actual. En su mayoría basados en la terapia ocupacional, y muchos de ellos relacionados con grupos religiosos como telón de fondo, parten de una concepción ético-moral del problema (al adicto es un vicioso). Los enfermos tienen la oportunidad de realizar una estancia de largo recorrido (en muchos casos hasta de 2 años) en un lugar apartado que, en teoría tiene que facilitar la recuperación. Lo más habitual es el abandono de tratamiento antes de la fecha fijada, pero aún en el caso de completar todo el programa, el porcentaje de recaída es muy alto.

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Por último, han proliferado un gran número de recursos particulares, en gran parte como filosofía de negocio, sobre los que no hay casi ningún tipo de control y entre los que encontramos sectas a profesionales iluminados que aplican diversas filosofías de tratamiento con escasa o nula efectividad.

Desde que se fundo AA (Alcohólicos Anónimos), allá por los años 30 en EE UU, y se descubrió que la psicoterapia de grupo es el único remedio efectivo para la enfermedad, no se ha encontrado otra alternativa hasta el día de hoy. No hay vacunas ni medicamentos milagrosos.
En España, en la década de los 70, dos psiquiatras del Hospital Clínico de Barcelona, los doctores Bach y Freixas, iniciaron las primeras investigaciones serias sobre el alcoholismo. Del trato con los pacientes fueron infiriendo una serie de conocimientos y aplicarlos en un tratamiento. Así nació CTV (Centro Terapéutico del Vallés). Inspirados en una de las principales corrientes terapéuticas de EE UU (el método Minnesota) y haciendo uso de su experiencia como ex-pacientes, crearon una filosofía de tratamiento que se iría relevando como muy efectiva, sobre todo a largo plazo. Instalados en las dependencias del antiguo balneario Blancafort de la Garriga (Barcelona) fueron poco a poco consolidando un método que, casi 30 años después, ha conseguido la recuperación definitiva de miles de personas.

José Manuel Torres

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