SÍNTOMAS DEL ALCHOLISMO

 Relato por B.R.G 2ª parte.

Fue en esos momentos cuando retornaron los primeros temblores.

Cuando constataba que los objetos se me caían, que los movimientos de mis brazos y manos fallaban, no eran certeros, y que cada vez que intentaba agarrar algo debía hacer agotadores esfuerzos de concentración.

Contemplaba entonces mis manos como si fueran dos instrumentos prensibles y descendía hasta la prehistoria. Épocas remotas con reminiscencias de aprendizaje. Yo, una mujer de las cavernas, descubriendo que mis manos eran dos pinzas que habían sido hechas para agarrar y sujetar objetos. Las contemplaba largamente y las cerraba con fuerza. Dos garras cuyas uñas dejaban marcas en las palmas. Concentrada en cada próximo movimiento, trataba de recordar la función de aquellos dos instrumentos prensibles, diciéndome que no podían fallar, y, sin embargo, todo intento constituía un nuevo fracaso, al tiempo que los temblores eran ya sacudidas, y entonces solo me preocupaba por apretar esos puños y esos brazos para disimular, para que nadie fuera a notar aquellos temblequeos que por instantes se convertían en convulsiones imposibles de controlar. En esos momentos álgidos me quedaba inmóvil y solo atinaba a repetirme: “No te asustes, no te pasará nada, no te asustes”.

Alcoholismo síntomas

Alcoholismo síntomas

También debía recordar que yo era un ser humano y no aquel animal errático en el que había empezado a transformarme. Porque el terror a una metamorfosis irremediable me hacía olvidar mi condición. Cosa extraña.

Muchas veces corrí hasta el espejo en la urgencia por constatar que mis rasgos no hubiesen cambiado, y en más de una ocasión me asombró el no ver reflejada la imagen de un monstruo. Qué susto. Pero ya pasó. Mis facciones siguen siendo humanas.

Me preguntaba constantemente ¿Cómo será una vida sin alcohol? ¿Bebe todo el mundo o hay gente que puede parar cuando lo desea? Yo lo que sé es que no puedo parar, solo pensarlo parece que me muero. Pero había infinidad de gente que vivía sin alcohol. Entonces a mi me ocurría algo, evidentemente. Tal vez hubiese nacido con una imposibilidad para vivir. Por de pronto, yo experimentaba en mi ser la ausencia de algún factor al que, aunque desconocido, intuía esencial para llevar a cabo una existencia, si no medianamente feliz, al menos tolerable. Y me seguía preguntando ¿arrastraría dentro de mí una ineptitud innata para vivir?

Cuantos especialistas consultados. Un deambular sin fin por los consultorios de psicoanalistas y psiquiatras de las más variadas corrientes y escuelas.

Nada que hacer. Al no decir la verdadera causa de lo que me estaba ocurriendo, el consumo de alcohol, evidentemente no me podían ayudar.

Relato conmovedor por B.R.G; este es, entre otros, uno de los síntomas del alcoholismo más severos vividos en su pasado.

 

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