Que adicción

Que adicción

Es cierto que algunos consumidores de diferentes sustancias de abuso pueden llegar a dejar de usarlas de forma compulsiva por sí mismo, no obstante muchos otros consumidores conviven con este problema de una forma crónica.

A pesar del deterioro que produce el uso compulsivo de una droga para la vida de una persona y a pesar de los múltiples intentos que ponen en marcha algunas personas para “dejar” la droga, las recaídas son algo bastante habitual, incluso mucho tiempo después de cesar un uso continuado de la sustancia.

 

Por lo tanto, podemos decir que la adicción tiende a persistir. Diferentes observaciones clínicas y experimentales se han organizado en torno a la hipótesis de que la adicción representa una usurpación de los procesos neurales que en condiciones normales se encuentran implicados en la formación de memorias asociativas en los mecanismos de aprendizaje relacionado con el refuerzo. Una cuantía considerable de trabajos de diversos laboratorios sugieren que el sustrato subyacente al uso compulsivo y persistente de una sustancia de abuso se centraría en modificaciones celulares y moleculares que permitirían la formación de memorias asociativas a largo plazo en diversos circuitos prosencefálicos que reciben información de las neuronas dopaminérgicas del mesencéfalo (por ejemplo, la amígdala, la corteza prefrontal, el núcleo accumbens, el estriado dorsal, etc.). El eje vertebral en el que se asienta esta obra es que el consumo de sustancias de abuso produce cambios celulares y moleculares en diferentes regiones de nuestro cerebro.

Tal como se ha adelantado al principio, la adicción se caracteriza por ser un estado compulsivo de uso y abuso de una droga que, a pesar de todos los intentos y tratamientos llevados a cabo para controlar su autoadministración, tiende a mantenerse. La adicción a las drogas es tan persistente debido a que los mecanismos cerebrales subyacentes a ésta utilizan los procesos neurales que están implicados en situaciones normales en el aprendizaje relacionado con el refuerzo. Este tipo de aprendizaje tiene una importancia extraordinaria para la supervivencia y perpetuación de la especie. Imaginemos que vamos por la selva amazónica y estamos buscando comida. Por casualidad nos topamos con arbusto que tiene unas flores grandes y rojas que no parecen ser comunes por esa zona. Exploramos el arbusto y observamos que detrás de las hojas se encuentran unos frutos ovalados de color canela que resultan ser deliciosos al paladar. La próxima vez que vayamos recorriendo la selva y encontremos el arbusto de flores rojas, rápidamente nos acercaremos a recoger sus frutos.

Hemos aprendido a asociar un estímulo que inicialmente para nosotros era neutro (la presencia del arbusto con flores rojas) con un refuerzo (el fruto que nos resulta tan delicioso al gusto y que apaga rápidamente nuestra sensación de hambre por su gran aporte calórico). Por lo tanto, en este tipo de aprendizaje relacionamos un refuerzo con un estimulo inicialmente de valoración neutra para nosotros y/o con la conducta que llevamos a cabo para obtenerlo. Las drogas parecen utilizar los mecanismos neurales subyacentes a este tipo de aprendizaje. En definitiva parece ser que las bases neurales de la persistencia de la adicción se deben a los mecanismos celulares y moleculares que subyacen a las memorias asociativas a largo plazo en diferentes circuitos del prosencéfalo que reciben conexiones de las neuronas dopaminérgicas del mesencéfalo.

José Manuel Torres Garcia: Help Adicciones

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