Sabemos que es cierto que los familiares de los adictos lo único que buscan es que el adicto mejore, lo hacen vigilándolo, lo hacen comprendiéndolo, también con prohibiciones, llevándolo a miles de médicos. Pero nunca lo consiguen y, siempre sigue la misma rueda hacia un sufrimiento exagerado, el de ver como un miembro de la familia se va degenerando lentamente. También somos conscientes de que la mayoría de los adictos se arrepiente de muchas cosas que hacen a sus seres queridos y, que en muchos casos intentan controlar el consumo, hasta intentan dejarlo para siempre, pero no lo consiguen.

La adicción es una enfermedad progresiva y mortal. Por eso todos los esfuerzos que hacemos antes de pedir ayuda a un profesional son en vano. Es una enfermedad crónica, que reside en el cerebro de los adictos. Es un problema dopaminérgico que afecta a los receptores del placer, el núcleo acumbens.

La recuperación es posible en la mayoría de los casos, solo en un muy pocos casos no hay vuelta atrás. Es una enfermedad que requiere un cambio psicoemcional, que se lleva a cabo en  terapia de grupo. Se requiere un ingreso prolongado, para poder hacer frente a las primeras etapas de desintoxicación, donde el adicto recupera su funcionamiento biológico y evita el tan temido síndrome de abstinencia.

La adicción es una enfermedad que necesita la empatía de otros adictos para poder llevar a cabo la recuperación, y unos buenos profesionales que gestionen el medio. Gracias a esa empatía el adicto se siente familiarizado con el proceso, de esta forma conseguimos que el adicto rompa poco a poco esas acorazadas que fue adquiriendo en su consumo y, que al parecer nadie es capaz de resquebrajarlas. Pero sí, de este modo el adicto consigue poder llevar a cabo su abstinencia día a día.

Aunque la abstinencia no es suficiente para lograr una vida sobria y prolongada.

El adicto requiere un cambio como decíamos antes psicoemocional, lo que se suele decir una nueva vida, una nueva forma de sentirse el mismo, una nueva forma de gestionar su vida.

Es de entender que se requiere mucha experiencia en la enfermedad para poder llegar a conseguir que un adicto siga ese camino, uno solo no puede cambiar tanto. Puede que consiga una abstinencia de vez en cuando pero siempre vuelve a donde lo dejó, al mínimo problema el adicto se hunde, por la incapacidad de gestionar la vida sin el tóxico de por medio.

No dudamos de las buenas intenciones de familiares y adictos, pero ¿A caso uno puede combatir un cáncer sin la necesidad de un profesional en la oncología?

 

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