Desde que comenzó la era científica en el estudio del alcoholismo y, aun antes, entre los profesionales que atendían a estas personas existió la conciencia de la gran heterogeneidad en los consumos, los abusos y la tendencia a intentar reconocer grupos y subgrupos. Uno de los primeros investigadores preocupados por esta manera fue Jellineck. Su tipología tuvo mucha vigencia en las decadas de los sesenta y setenta del siglo pasado; reconoció los tipos: alfa (bebedor ante situaciones de estrés), beta (bebedor social con complicaciones somáticas), épsilon (bebedor episódico o dipsómano) en cierto modo, todos ellos, previos a tipos sí verdaderamente con abuso/dependencia, como: gama (bebedor execesivo irregular, con problemas psicológicos subyacentes, con rápida progresión al alcoholismo) y delta (bebedor execesivo regular social, con lenta progresión al alcoholismo) y ambos conducentes a un tipo mixto final: gama-delta (alcoholdependiente “avanzado”).

Los tipos de bebedores se diferencian en la motivación de beber, la intesidad del consumo, el patrón de ingesta y las manifestaciones clínicas y psicocosociales. En los últimos años, y atendiendo a los efectos del consumo del alcohol, se ha impuesto una tipología que destaca por su carácter práctico, señalando tres grupos: el bebedor no problemático, el bebedor problemático y el bebedor dependiente.

Es posible consignar la conducta en relación a la ingesta de alcohol como un continuum que va desde el abstemio absoluto al alcoholdependiente, consumidor crónico y enfermo físico, paíquico y social.

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