Aunque la violencia es algo innato en el ser humano, hemos aprendido a controlarla y la sociedad ha conseguido eliminar una buena parte de esta. La convivencia ha ido estableciéndose en nuestras ciudades y aunque hemos pasado por etapas en los conflictos eran bastante comunes, las leyes y la regulación han conseguido erradicar prácticamente todas las manifestaciones violentas.

Pese a esto, se mantiene alguna de ellas y muchas de estas, están vinculadas al consumo de sustancias tóxicas y a varias conductas adictivas. Estos consumos y situaciones hacen que la educación recibida se olvide, junto a los acondicionamientos sociales que sirven para mantener el buen funcionamiento de la sociedad.

 

Las conductas adictivas pueden causar que surjan conductas violentas en el marco de la sociedad e incluso de la familia

 

La presencia de estas conductas adictivas, estén relacionadas o no con el consumo, puede llevar a una persona a actuar de manera desproporcionada, evitando que tome decisiones correctas y que se sienta presa de la ansiedad. Esta es una mala consejera para la toma de decisiones y puede conducir a un sentimiento de culpa que provoque una conducta autodestructiva.

La presencia de la violencia contra otras personas, incluso contra miembros de su propia familia puede llegar a aparecer en estas circunstancias. La violencia no se limita a la agresión física, sino que puede producirse en la forma de una actuación constante, en forma de insultos, control sobre la pareja, todo formas que intentan transmitir las inseguridades propias.

La persona que mantiene esas conductas adictivas puede no llegar a ser consciente de lo que provoca en sus seres queridos, así que no comprende los efectos de su comportamiento. Se puede sentir atacado por cualquier acción realizada su pareja y reaccionar con violencia ante ello.

Ante la percepción de que existen conductas adictivas, aunque no se produzca el consuma de drogas o alcohol, hay que actuar con rapidez. No se trata solo de ayudar a la personas que sufre esta enfermedad, sino que la propia unidad familiar puede estar en riesgo, ya que las adicciones no permiten pensar con claridad y puede  desembocar en actitudes violentas con las personas que la conforman. Los profesionales pueden mediar y ayudar a que el enfermo comience los tratamientos necesarios para volver a llevar una vida libre de adicciones y alejada de la violencia.

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