Cuando hablamos de educación hablamos de protección. Todos los padres y educadores intentan que sus jóvenes o adolescentes lleguen a gestionar con normalidad su presente y su futuro como persona adulta.

Nos encontramos a veces con cierto miedo a enseñarles el cien por cien de la realidad por si acaso interpretan lo contrario. Supongo que ese es el miedo de un padre cada día: no saber hasta qué punto puede ser perjudicial la realidad, su interpretación o las cosas que ven en casa y el colegio.

En estas fechas navideñas donde nos reunimos todos los familiares, jóvenes y adultos, para celebrar una reunión o alguna festividad religiosa, suele pasar que el consumo de alcohol esté muy presente.

Hacemos hincapié a este detalle, porque es en este tipo de festividad donde los menores, usando la permisividad de las fechas, intentan introducirse en el mundo del alcohol de los adultos. Muchos pueden pensar que es un pequeño detalle sin importancia, pero lo cierto es que el alcohol actúa siempre como la droga que es, y cabe destacar que en nuestro parecer es un detalle que hay que recalcar. Estamos mostrando ante los jóvenes una normalidad aplastante sobre una droga muy dañina para ellos, ya que actúa con más agresividad en el cerebro en desarrollo.

Los jóvenes se encuentran en constante riesgo debido a ciertos patrones de consumo debido a varios factores. Ya que, fisiológicamente, se encuentran todavía experimentando cambios en su desarrollo.

El cerebro del adolescente se encuentra en un alto nivel de desarrollo.

Este desarrollo establece las bases para las habilidades de la persona en su vida adulta, tales como la planeación, la integración de información, la resolución de problemas, el discernimiento y el razonamiento. Estos importantes cambios que están sucediendo son la razón de que el cerebro del adolescente sea más vulnerable a los efectos nocivos del alcohol en comparación con un cerebro adulto.

Con el tiempo, el exceso de alcohol daña las células cerebrales. Esto puede llevar a problemas de comportamiento y daño permanente a la memoria, el pensamiento y el juicio. Los adolescentes que beben tienden a tener mal rendimiento en el colegio y sus comportamientos pueden meterlos en problemas.

Hay que propiciar el consumo cero entre los más jóvenes.

En España, según datos de la Encuesta Escolar sobre Drogas en jóvenes de 14 a 18 años en 2012, los adolescentes empiezan a consumir alcohol a los 13,9 años de promedio. El porcentaje de los estudiantes españoles de este grupo que ha probado el alcohol supera el 80%.

Encuesta entre estudiantes de 14 a 18 años realizada en 2014 que muestra sus hábitos de riesgo

 

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