Si hay una droga que ha ido introduciéndose en la vida diaria de muchas personas, esta ha sido la marihuana. El cannabis se ha ido popularizando de tal manera que los movimientos sociales que buscan su legalización obvian los nefastos efectos que causan en el organismo y en la conducta social de sus consumidores. Y esto provoca que no solo cada vez más adultos caigan en la red de esta adicción, sino que existan consumidores cada vez más jóvenes.

Los adolescentes siempre han tenido pocos escrúpulos a la hora de experimentar y probar sustancias que deberían estar fuera de su alcance. La rebeldía propia de la edad provoca que haya un consumo cada vez más precoz del cannabis y esto, aunque se puede comprender por ese motivo, no hay que permitirlo.

El consumo de cannabis es una actividad de riesgo que puede provocar serios problemas en la fisiología de un adolescente. Su cuerpo continúa creciendo y cambiando, de manera que el consumo de cualquier sustancia tóxica puede interferir en el crecimiento y madurez del adolescente. Además, el cerebro es otra parte del cuerpo que está en continua transformación.

Estas sustancias atacan al cerebro y pueden causar problemas serios en la evolución y formación de las células cerebrales. Y no solo eso. La percepción de las drogas como algo inocuo y hasta deseable por la sociedad puede crear la imagen que su consumo favorece la sociabilidad y la pertenencia a un grupo.

De ahí a la adicción hay un solo paso y la falta de experiencia vital de los jóvenes puede llevar a que las consecuencias sean bastante graves y que presente un riesgo superior al consumo en etapas más avanzadas. También hay que tener en cuenta que el efecto de muchas de estas sustancias es acumulativo. Es decir, cuando más pronto se comience a consumir el cannabis, más efectos tendrá sobre el cuerpo.

Ante la duda sobre si existe consumo, basta con observar al adolescente. Hay muchos síntomas que delatan una adicción, pero ante el consumo de marihuana, suele bastar con el característico olor que desprende el aliento del consumidor. Si existen indicios de consumo, hay que hablar con el adolescente e intentar hacerle comprender los riesgos de este consumo. Si persiste en la adicción, lo mejor es contactar con profesionales para realizar un tratamiento adecuado a su problema y edad.

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