En otras ocasiones hemos hablado de la presión social como desencadenante de diversas adicciones. Alguna de ellas proviene de un consumo privado y particular de sustancias o de realización de ciertas actividades, pero en otras ocasiones se trata de comportamientos de imitación, provocados por querer pertenecer a un determinado grupo social.

El alcoholismo es uno de estos últimos. Se produce cuando las personas se aficionan a consumir alcohol aprovechando cualquier celebración social y acompañan a sus amigos y familiares bebiendo. Esta actitud provoca que los consumidores se acerquen al alcohol como una manera de compartir esos momentos y poco a poco, casi sin darse cuenta, acaben necesitando de él para sentirse integrado.

El alcohol comienza a presentar sus efectos al poco tiempo de ingerirlo. El primer lugar donde actúa es en el cerebro. Este se ve afectado porque se produce una incial sensación de euforia y hace que mejore la percepción de uno mismo. Los efectos de relajación social se dan enseguida y sube la autoestima, permitiendo que quien lo consume se desinhiba y se relaciones mejor.

Pero esto se ve eclipsado enseguida por una sensación de abatimimiento y depresión que conlleva a una bajada emocional que destroza esa sensación inicial. Además, comienzan los efectos perniciosos en la salud. El hígado no puede procesar esta sustancia tóxica y comienzan los problemas.

En el ámbito de lo personal, el consumo de alcohol provoca que el adicto se aisle, aunque en ocasiones busque a otros adictos para compartir el consumo sin sentirse extraño. Poco a poco necesita del alcohol para comenzar a tomar decisiones y funcionar en su día a día, haciendo que se tomen algunas de esas decisiones de forma errónea y comience a tener problemas en sus relaciones sociales y familiares que incluso pueden llegar al ámbito laboral.

Por supuesto, el alcohol provoca distracciones y un cambio de percepción que puede causar algo más que el aislamiento social. La conducción o la realización de actividades de riesgo bajo sus efectos puede causar accidentes graves e incluso provocar víctimas mortales.

Ante la detección de una adicción al alcohol, el tristemente célebre alcoholismo, se ha de actuar contundentemente y acudir a un experto para conseguir eliminar este grave problema y ayudar al enfermo a continuar con su vida sin la necesidad de tomar alcohol.

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