Estando en el centro de desintoxicación se nos comunicó que en las próximas semanas haríamos una salida terapéutica otoñal, para celebrar un magosto, donde comeríamos castañas acompañadas de un buen churrasco y su chorizo criollo.
Fueron pasando las semanas y a principio de noviembre decidimos que a la semana siguiente tendría lugar la salida. En principio tendría lugar un miércoles pero al final se comunicó que sería al día siguiente, el jueves día 6 de noviembre, cuando nuestro compañero Fernando, disfrutaba de sus vacaciones.
La semana pasó sin incidencias, aunque yo tenía un runrún en la cabeza, posiblemente por la churrascada que iba a tener el jueves con mis compañeros de centro.
Por fin llegó el día. Me desperté como cada mañana, no sin esfuerzo, pero éste era un día especial. Me preparé el desayuno como todas las mañanas: un zumo de naranja bien exprimido, acompañado de una cola cao caliente con sus respectivas galletas, no podría faltar un yogur como cada día a la misma hora. Encendí la televisión para escuchar el telediario y ver quién había robado esta mañana al pueblo español, como siempre sucedía. Pero esta mañana no me iba a enfadar, un buen día estaba por venir. Acabado mi desayuno fui a por la mochila, pero esta vez no era la del gimnasio, como el resto de los días, era la mochila para la churrascada.
Me dirigí a la parada y allí estaban las personas de todos los días. Ellos no tenían la suerte de disfrutar de la churrascada como yo. Estuve esperando unos minutos y mi bus apareció, era el busero tan agradable que me lleva de regreso a casa al salir del centro. Lo saludé con educación y me senté en un asiento. El trayecto fue rápido y cada vez estaba más cerca de mis compañeros como todas las mañanas.
El bus me dejó cerca del centro y fui andando hasta allí. ¡Ya estaban esperando por mí! Hay cosas que no cambian en mi recuperación, la puntualidad nunca fue lo mío.
Como si fuera un día más, saludé a los míos con educación, pero se les notaba en la cara que no era un día más, era un día especial. Allí estaba la furgoneta del centro esperando con todo preparado para el viaje.
Al poco de llegar aparecieron los veteranos con el pan, que era lo que faltaba para poder emprender la salida. Nos repartimos en dos coches. Luis llevaría el suyo y nuestro terapeuta, José, llevaría la furgoneta. De copiloto iba su inseparable amigo Ignasi. En el medio irían mis amigos Joaquín y Jaime. Yo decidí ir atrás de todo con mi buen amigo David. El viaje se hizo un poco largo porque yo tenía ganas de llegar.
Ya allí, nos encontramos con un lugar espectacular, una naturaleza inigualable, algo fuera de lo normal. Pronto el ruido de las cascadas y el piar de los pájaros nos encandilaron. El sitio era más bonito de lo que cualquiera podía imaginar. Decidimos descargar la furgoneta y llevar las cosas a una casa antigua que allí había. Yo tenía la difícil misión de llevar la carne sin que hubiera ningún percance. De lo contrario, podría haber problemas con mis compañeros.
Ya colocado todo, cambié mi ropa de cuidad por una ropa más cómoda para el paseo que nos tocaba a continuación. Después ya cambiado, una persona vigilaría nuestras pertenencias y el resto del grupo comenzaría una ruta por unos senderos pegados al río, el guía sería José y los demás iríamos en fila de a uno, siguiendo sus pasos.
El paseo por aquel lugar fue espectacular, rodeados de la madre naturaleza y recogiendo basura de personas que poco quieren el mundo en el que se encuentran. A mitad de camino paramos a comer un bocadillo muy necesario a esas horas de la mañana. Lo comimos sentados en un puente romano que haría más especial el sitio en el que nos encontrábamos.
Después de unos minutos decidimos seguir con el paseo y le preguntamos a un señor muy educado, cuál sería la mejor ruta. Nos indicó un camino diferente para llegar a la casa. En el camino de vuelta nos encontramos con la bonita flor del azafrán y muchas setas, ya que nos encontramos en la época para su reproducción.
Ya de vuela le dimos a Ignacio la flor del laurel para que nos preparara sus ricas comidas, condimentadas perfectamente.
Al llegar, David y yo decidimos jugar un rato a las palas, pero pronto vimos que no era lo nuestro. Mientras se cocinaba una buena comida, mi compañero y yo no paramos de correr detrás de la pelota, incluso jugándonos nuestra integridad. Varias veces tuvimos que arreglárnoslas para recoger la pelota del río y después de mucho luchar, conseguimos perder una pelota. Ahora venía el momento difícil, explicarle a Jose que la pelota se fuera río abajo y, que posiblemente, sería para no volver jamás.
Se lo explicamos y lo entendió perfectamente. Nosotros queríamos recuperar lo perdido y ya de vuelta al río, estando quitándonos las botas, la pelota se fue siguiendo el transcurso del agua.
Después del percance con la pelota nos tocó poner la mesa. Todo el mundo colaboramos en la comilona que nos íbamos a pegar a continuación. Cada uno con lo suyo, mientras los chefs preparaban la sabrosa carne.
Con la comida ya hecha, ahora tocaba ponerse las botas. En aquella mesa había de todo y todo estaba muy bueno, aunque yo me quedo con la carne, el pimiento no es lo mío. La carne estaba en su punto y los chorizos muy sabrosos. También comí unas cuantas castañas, que para eso estamos en la época y hay que aprovechar. Todo acompañado de un rico refresco. Después vino el postre: unas peras de invierno que nunca habían visto estos ojos y que no me quedaron ganas de volver a ver. En cambio, había unas tartas muy deliciosas de las que comí varios trozos. Al final me pasé comiendo y me había olvidado que ya no había siesta como antaño, y tuve que aguantarme las ganas.
Con el estómago a reventar y después de un cigarrillo y un pequeño descanso, como cada día, tuvo lugar la terapia que nos ayuda a recuperarnos de nuestra  adicción.
Como cada tarde, todos contábamos nuestros problemas y yo aproveché para decir que se me hacía raro vivir una churrascada así, sin droga… Pero gracias a este tratamiento de adicciones que esas churrascadas del pasado no se volverán a repetir.
Después de dos horas de terapia y positivizar la situación en la que nos encontrábamos, tocó el momento de recoger todo, ponérsela ropa de la ciudad y despedirnos de aquel maravilloso lugar al que espero volver algún día.
El viaje de vuelta, ya de noche, fue un poco triste porque se estaba acabando aquel día tan maravilloso. Estuve comentando con mi amigo David, la buena experiencia que acabamos de vivir. Una churrascada muy especial, con una gente encantadora. Un día más en mi nueva vida y sin droga, quien lo diría hace unos meses.
Al llegar al centro subimos las cosas e Ignasi me llevó a mi casa en la furgoneta. Me despedí de ellos con pena, porque aquel bonito viaje llegaba a su fin…. Pero un día más y una experiencia más en mi nueva vida tan apasionante.
Ahora tendría que contarle a mis padres el día que acabamos de pasar y un día más que recordar en el futuro, muy positivo.
Gracias a todos por hacerlo tan especial, y a Help adicciones por este gran tratamiento de adicciones.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pincha en el enlace anterior si deseas más información. ACEPTAR

Aviso de cookies