Ya que la cocaína es una droga extremadamente adictiva, es muy difícil que una persona que la pruebe pueda anticipar o controlar hasta dónde continuará deseándola o consumiéndola. Asimismo, si el usuario se vuelve adicto, el riesgo de recaídas es porcentualmente alto aún después de periodos largos sin consumir. De acuerdo con algunos estudios recientes, durante periodos de abstinencia del uso de cocaína, el recuerdo del bienestar asociado con su uso, o alguna referencia a la droga, puede disparar un deseo incontrolable de consumirla y terminar tomando, que a su vez lo llevaría a  una recaída.

La cocaína se suele consumir repetidamente y en dosis cada vez más altas, lo que puede conducir a un estado de irritabilidad, ansiedad,  nerviosismo y paranoia e incluso puede causar un episodio total de psicosis paranoica en el que se pierde el sentido de la realidad y se sufre de alucinaciones. Al aumentar la dosis o la frecuencia del consumo, también aumenta el riesgo de sufrir efectos psicológicos o fisiológicos adversos.

El usuario al ser expuesto repetidamente a la cocaína, el cerebro comienza a adaptarse a la misma y la vía de gratificación se vuelve menos sensible a los refuerzos naturales y a la droga en sí. El consumidor puede desarrollar tolerancia, lo que significa que necesitará una dosis cada vez mayor de la droga o que deberá consumirla con más frecuencia para obtener el mismo placer que cuando recién comenzó a usarla. Al mismo tiempo, los consumidores también se pueden volver más sensibles (sensibilización) a la ansiedad, las convulsiones u otros efectos tóxicos de la cocaína.

Las reacciones adversas que resultan del consumo de cocaína varían dependiendo de cómo se consuma. Por ejemplo, cuando se ingiere, la cocaína puede causar gangrena grave en los intestinos porque reduce el flujo sanguíneo, el uso crónico causa pérdida del apetito haciendo que muchos consumidores tengan una pérdida significativa de peso y sufran de malnutrición, la inhalación regular puede causar una pérdida del sentido del olfato, hemorragias nasales, problemas al tragar, ronquera y una irritación general del tabique nasal, lo que puede producir una condición crónica de irritación y salida de secreción por la nariz. Además, las personas que la inyectan tienen marcas de pinchazos y trayectos venenosos  en los antebrazos conocidos como “tracks”.

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J.M Torres Garcia. Help Adicciones.

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