La cocaína es una droga que tiene diferentes efectos que dependen de la dosis y del uso a corto o a largo plazo. Dosis bajas de unos 50 miligramos de cocaína provocan euforia inmediata y un fuerte  aumento de la sensación de autoconsciencia. Asimismo, este tipo de dosis también suelen generar pautas de conductas específicas donde el usuario hace alarde de lo que no es, y en particular de valiente.

Del mismo modo, dosis bajas de esta sustancia generan un conjunto de respuestas fisiológicas que concuerdan con una activación simpática: taquicardia, hipertensión, broncodilatación, aumento de la temperatura corporal, aumento de la alerta, hiperactividad motora, incremento de la disponibilidad de glucosa, dilatación pupilar, modificaciones en el flujo sanguíneo de las vísceras hacia los músculos, etc. Los efectos iniciales suelen durar menos de una hora. Después de dicho intervalo suele aparecer una sensación de euforia moderada mezclada con ansiedad. A las dos horas el estado de ansiedad se hace más notable y se mantiene durante unas cuantas horas.

Cocaína. Efectos Farmacológicos

Durante una intoxicación aguda de cocaína, el habla suele ser rápida, casi rozando la verborrea. Los pensamientos suelen acelerarse, volviéndose en algunas ocasiones incoherentes y tangenciales. No obstante, hay una gran agudeza mental y un incremento de la sensación de consciencia de los estímulos y situaciones que rodean a la persona.

Este tipo de procesamiento consciente de la información es seguido de depresión. La ingesta se suele suprimir y el sueño se suele aplazar. La actividad motora se ve incrementada, con agitación y una sensación consciente de movimiento constante. La cocaína promueve el deseo de tomar más cocaína, por encima de cualquier reforzador natural como la comida o el sexo. Los efectos agudos de las dosis bajas son difíciles de mantener, ya que se desarrolla tolerancia y el sujeto necesita tomar dosis crecientes para mantenerlos y evitar así, la sintomatología negativa que aparece tras la retirada de la droga.

Al mismo tiempo, los efectos percibidos promueven un incremento  del propio uso de la sustancia lo cual suele desembocar en un uso de la droga a dosis más altas aumentando en riesgo y su toxicidad. El uso de cocaína puede estar seguido por un aumento del craving, lo cual podría aumentar el uso adicional de la droga.

En estudios animales se ha podido comprobar que esta droga tiene efectos reforzantes muy potentes. Asimismo, la cocaína ha mostrado una gran capacidad para actuar como un estímulo discriminativo cardinal en diferentes especies, lo cual desempeña un papel fundamental en lo mecanismos de control de la conducta. Hemos de tener presente que uno de los rasgos de la adicción es la falta de control que el sujeto tiene del uso de la droga.

Se ha sugerido que la administración de tareas que facilitan el control
cognitivo de la conducta, pudiera ser un tratamiento efectivo para la dependencia a la cocaína al inducir incrementos en la formación de hábitos, fortaleciendo la regulación cognitiva de las pautas de conducta del sujeto (Kalivas y col., 2006). En esta línea, algunos trabajos han mostrado que el entrenamiento en extinción puede reducir la tendencia hacia la recaída (Sutton y col., 2003).

Estos autores han mostrado que el entrenamiento en extinción durante la retirada de la droga induce incrementos de las subunidades de los receptores AMPA del glutamato en el núcleo accumbens. Por ello, la plasticidad inducida por este tipo de entrenamiento en los receptores del glutamato podría facilitar el control sobre la búsqueda de la droga al restaurar el tono glutamatérgico en el núcleo accumbens y podría reducir la propensión de los usuarios a las recaídas bajo situaciones estresantes en períodos de abstinencia prolongada (Sutton y col., 2003).

Los efectos de la cocaína a más largo plazo pueden inducir una intensificación de los efectos a corto plazo, aumentando la depresión que sobreviene cuando éstos se han disipado. La activación central suele estar seguida de una sensación de disforia, somnolencia, ansiedad, privación del sueño, hipervigilancia, depresión y craving. Con un consumo más duradero, el sujeto aumenta paulatinamente la dosis de la droga. Suelen aparecer diferentes problemas relacionados con la coordinación motora. En algunas ocasiones aparecen crisis epileptiformes y temblores, diferentes disfunciones sexuales, alteraciones del juicio, aumento desadaptativo del sentimiento de poder, déficits visuales, etc. Dosis altas y un consumo crónico pueden producir suspicacia excesiva, paranoias, miedos de persecución, hiperactividad, impulsividad, patrones de conducta compulsivos, alteraciones perceptuales de la realidad, agresividad, alucinaciones visuales, auditivas y táctiles, irritabilidad extrema, etc.

Cocaína. Efectos Farmacológicos

En relación a la neurotoxicidad, esta resulta difícil de evaluar. Algunos estudios han mostrado deterioros neuropsicológicos importantes en adictos a la cocaína (Julien y col., 2008). No obstante, se ha podido comprobar que sujetos adictos que habían estado abstinentes durante más de un año, mostraban una mejora en tareas atencionales, sugiriendo los efectos positivos de los estimulantes sobre las medidas atencionales (Toomey y col., 2003). Otros trabajos han encontrado que los usuarios de cocaína (en estado abstinente) podrían mostrar cambios cerebrales persistentes que inducirían deterioros en las funciones amnésicas (Bartzokis y col., 1999). Otros estudios han demostrado que los adictos a la cocaína pierden una proteína específica en sus cerebros que podría explicar los deterioros motivacionales y del estado de ánimo que muestran los adictos a la cocaína.

Gráfica comparativa del grado de muertes (acumuladas) en ratas inducidas por un acceso ilimitado a dos tipos de droga: la heroína y la cocaína. Obsérvese en la comparación que el número de animales que muere es mucho más elevado con el uso ilimitado de la cocaína. Se alcanza casi un 90% de mortalidad.

En relación al síndrome de abstinencia es fundamentalmente de carácter motivacional y emocional, lo cual sugiere que las adaptaciones homeostáticas en la respuesta del sistema nervioso simpático son apreciablemente mínimas.

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