El principal mecanismo de acción de la cocaína es la inhibición de la recaptación de monoaminas (dopamina, noradrenalina y serotonina), llegando a producir un incremento de estos neurotransmisores en el estadio de la sinapsis. El uso agudo de cocaína produce una serie de modificaciones moleculares que trasladan al sujeto de una condición de uso específico, a un estado de dependencia.
Se ha podido comprobar la implicación de diferentes moléculas y vías de señalización intracelular, que llegan a generar, en última instancia, una serie de modificaciones plásticas a largo plazo, factiblemente que no se pueden borrar y que se podrían relacionar con la vulnerabilidad a las recaídas, y la persistencia de la adicción a la cocaína, incluso años después de dejar el consumo (Rodríguez Jiménez y col., 2006).

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Las drogas psicoestimulantes como la cocaína aumentan los niveles de dopanima sináptica. La cocaína bloquea la recaptación de la dopamina, bloqueando el transportador de la dopamina (DAT), localizado en la membrana presináptica.

Es importante destacar el papel de esta droga en los sistemas dopaminérgicos. La cocaína produce un aumento de las concentraciones extracelulares de dopamina en el denominado núcleo accumbens.
De igual forma, también aumenta la actividad dopaminérgica en otras estructuras del sistema límbico y la corteza relacionadas con el reforzamiento de la conducta, el abuso compulsivo, la dependencia y el deseo por la droga inducido por claves.
A través del aumento de la dopamina, tanto las anfetaminas como la cocaína, activan un complicado circuito que incluye la corteza prefrontal y su modulación por el área tegmental ventral y el núcleo accumbens.
Se ha sugerido que la exposición repetida de la cocaína podría inducir modificaciones en los diferentes mecanismos de plasticidad sináptica, que podrían llegar a ser las causas de la aparición de conductas inducidas que propician la recaída al uso de la droga después de un tiempo sin consumir la sustancia (Kalivas y col., 2006; Kalivas y Volkow, 2005). Se ha podido comprobar que las recaídas pueden incluso involucrar alteraciones en proteínas neuromoduladoras específicas, como las señales relacionadas con las proteinquinasas o con el CART (transcrito regulado por la cocaína y la anfetamina.

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En relación a este último, se ha podido contrastar que la administración del neuropéptido (producto del gen) que se genera en respuesta a la administración de la cocaína y anfetamina en el área tegmental ventral, posee efectos psicoestimulantes. Se trata de un gen que se expresa fundamentalmente en el núcleo accumbens y que además de participar en la recaída puede tener diferentes propiedades reforzantes.

En la figura 2 (a la derecha) se representa la autoadministración de la cocaína, antes y después de la lesión de las neuronas dopaminérgicas del área tegmental ventral.

Podemos observar que la cocaína induce incrementos de dopamina en los sistemas dopaminérgicos, llegando a bloquear el transportados presináptico de la dopamina (DAT) y llegando a impedir, de este modo, la recaptación de la dopamina liberada por los terminales nerviosos.
No obstante, estudios recientes demuestran que esta droga, la cocaína, es capaz de aumentar los niveles dopaminérgicos, actuando por medio del bloqueo del transportados de la adrenalina en la corteza prefrontal. Se ha visto, que ratones Knock-outs que carecen de DAT son incapaces de responder a los efectos estimulantes de la administración de cocaína.

 

José Manuel Torres García

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