El silencio clínico.

José Manuel Torres García.

 

Es importante insistir en que el desarrollo de la tolerancia es muy lento al principio. En este sentido la enfermedad es insidiosa ya que permite al individuo permanecer largos espacios de tiempo sin consumir, lo que le produce la sensación de que tiene el control sobre lo que toma. Y esa fantasía no lo abandonara hasta el final.

Como se ve en la gráfica, cuesta mucho tiempo acercarse a las líneas que marcan la frontera de lo problemático. Normalmente, la primera en alcanzarse es la del consumo aceptado por el entorno. Dependiendo de cada caso, ésta estará más cerca o más lejos de la que marca el consumo socialmente aceptado.

Las familias o grupos de amigos con poca cultura de consumo son más intolerantes con el mismo y por eso señalarán antes el consumo del enfermo como problemático. Cuando la presión es evidente se suelen producir lo que denominamos “cambios de relación”. Se abandona la pareja, si esta existe, o se cambia de amistades y normalmente se buscan nuevas parejas y amigos que, o bien consuman, o toleren el consumo. Aquí se suele hacer otra interpretación errónea de la enfermedad y es eso tan oído de “se engancho a las drogas por culpa de las malas compañías”. Lo cierto es que el enfermo busca siempre el entorno mas favorable para el consumo y huye del que lo evidencia.

Si no concurre otra sustancia, la evolución sigue el curso que indica la línea azul, es decir, el consumo se va incrementando con el paso del tiempo. La realidad no es tan continua como refleja la gráfica . A lo largo de la vida del enfermo suceden muchas cosas. Se hacen “parones”  , que son intentos espontáneos de abandonar el consumo o de reducirlo, aunque el consumo se incrementa de forma considerable. Estas suelen asociarse a algún suceso negativo: una muerte de alguien allegado, un accidente, la pérdida de un puesto de trabajo o negocio, una crisis financiera, una separación sentimental… Estos sucesos dan licencia al enfermo para incrementar su consumo, ya que la sociedad ve justificado que alguien beba cuando tiene un problema. Así se establece una  de las grandes falacias adjudicadas a la adicción: “el adicto consume por que tiene problemas”. Lo cierto es que, ya avanzada la enfermedad, el comportamiento del adicto empieza a ser muy irregular: sus relaciones son tormentosas y abundan los casos de maltrato psicológico e incluso físico; el rendimiento laboral decae, ya que la atención del enfermo está centrada en la consecución de la oportunidad, los medios y la sustancia, para consumir. El carácter se vuelve insoportable y la conducta, como poco, inexplicable, cuando no absurda y violenta.

A grandes euforias suceden grandes depresiones. Comienzan las ausencias tanto laborales, como del hogar. El comportamiento general es muy problemático. Las parejas se rompen o se deteriora la convivencia, los trabajos se pierden, hay problemas económicos. Curiosamente, en estas circunstancias el enfermo se encuentra cómodo, ya que favorecen su consumo. Al enunciado inicial hay que darle la vuelta: “los problemas del adicto tienen relación con su consumo”. Evidentemente, que alguien se le muera un familiar no es culpa del consumo (o a veces si; recordemos las cifras de muertes en accidentes de automóvil, por ejemplo), pero cómo el enfermo utiliza esa situación para justificar su consumo sí es un problema. Llegados a este punto, el entorno más próximo al enfermo empieza a pensar que si puede haber una relación entre el consumo y lo que ocurre. Si se confronta al enfermo, éste niega, realiza promesas que no cumple o, simplemente, huye.

Y estamos llegando al cruce con la línea de consumo socialmente aceptado. Llega un momento que las cantidades que necesita ingerir el afectado son tan grandes que tiene que consumir a todas horas. Ya se ha convertido en el “borracho”, personaje perfectamente descrito por el cine, la literatura o la TV, aunque casi siempre desde una óptica equivocada. Es en esta última fase de la enfermedad cuando todo el mundo se da cuenta del problema, pero como se desconoce el proceso y los antecedentes, se tiende a creer que ha sido en ese momento, y debido al “abuso” de la sustancia, que la enfermedad aparece. Lo cierto, si hemos seguido todo el proceso, es que la enfermedad empezó muchísimo años antes y lo que emerge es solo la punta del iceberg. Por lo tanto, podríamos afirmar que a la enfermedad no se llega por abuso, como se acostumbra a decir, sino que el abuso es una fase de la enfermedad. En cualquier caso, el termino abuso es controvertido y absolutamente subjetivo.

Retrocedamos un poco y situémonos otra vez en el grafico. La línea roja corresponde a la evolución cuando aparece el policonsumo. El proceso es muy parecido al ya descrito, solo que, debido a las características de las sustancias ilegales, es mucho más rápido y las consecuencias, a todas los niveles, más graves. Que hoy en día alguien se escandalice por el uso de sustancias ilegales parecería bastante hipócrita y más si admitimos que esa división entre legalidad e ilegalidad es totalmente subjetiva. Recordemos, por ejemplo, que en los países islámicos el OH es ilegal, mientras que el consumo de cannabis, que en Europa es ilegal, se acepta. Lo cierto es que sustancias como la cocaína son relativamente fáciles de encontrar en el mercado negro y su consumo, si no admitido, es ampliamente conocido.

La reflexión sería: según este esquema, ¿Qué papel juegan las drogas ilegales en establecimiento de la enfermedad?

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Help Adicciones centro especializado en el tratamiento para el alcoholismo

 

Centro de Atención sanitaria para Drogodependencias C-15-003355

 

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