La “edad del pavo” es una etapa de la vida de toda persona. En este periodo de crecimiento físico y emocional, surgen muchos problemas, que aportan al adolescente una inacabable fuente de desilusiones, desencantos y retos que se han de superar día a día. Uno de estos es la pertenencia a un determinado grupo. La socialización es importante en la adolescencia, y es uno de esos retos que se han de saber gestionar.

En ocasiones, para sentirse integrado en un determinado grupo de amistades, el adolescente tiene que pasar por unos “ritos de iniciación”, en los que se siente atrapado y arrastrado por el resto del grupo para determinar que pertenece a él o que se “hace mayor” y deja atrás su condición de niño.

Es algo natural y que, en principio, no debería tener más complicaciones. Pero la realidad es otra muy distinta, ya que alguno de esos “ritos” incluye el consumo de alcohol, tabaco e incluso otras sustancias tóxicas ilegales. Esto es importante, porque un joven de estas edades todavía tiene el cuerpo en formación y la presencia de estas sustancias puede acarrearle serias consecuencias.

A esta edad, el alcohol y el resto de sustancias consumidas pueden causar un grave problema a nivel de salud y provocar que el joven entre en la tan temida espiral autodestructivo que supone la adicción. El adolescente no tiene consciencia de los riesgos que supone el consumo y no puede gestionar las consecuencias que puede tener.

Es cada vez más común ver como la edad de personas adictas a varias sustancias tóxicas baja peligrosamente, hacia una edad muy temprana. No hace mucho tiempo, ver a un niño con problemas de adicción podría ser una excepción, pero ahora no es tan raro. ¿Las causas?

Probablemente, la incorporación a la enseñanza secundaria, con la llegada a los institutos dos años antes, a los doce, les abre más oportunidades de relacionarse con niños más mayores y les permite acceder con más facilidad a las sustancias que provocan esta adicción. Pero este es solo uno de los problemas a los que se enfrenta un niño.

Los condicionamientos sociales también influyen en la necesidad de comenzar el consumo de manera precoz. Las relaciones con otros jóvenes y esa necesidad de pertenecer a un grupo, de la que hemos hablado al principio, se unen a la problemática y pueden llegar a conducir al niño hasta una adicción temprana, que puede continuar en el tiempo y afectar de muchas maneras en años posteriores.

Cuando se detecta una adicción a edades tempranas, como la adolescencia, es importante actuar con rapidez y evitar que la situación se prolongue. Con la ayuda de un equipo de profesionales se puede realizar un seguimiento al paciente, realizar un diagnóstico, proponer un tratamiento y solucionar este grave problema. Por suerte, en estas edades, es más fácil poder reconducir la conducta del joven y evitar la adicción a  estas sustancias.

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