Enfoque psicosomático de los individuos con trastorno por abuso de sustancias y la patología dual.

 

Durante muchos años, la medicina psicosomática se ha considerado limitada a una serie de trastornos o patologías típicamente psicosomáticas, como son el colon irritable y el asma. Hoy se piensa que la medicina psicosomática debe ser considerada como medicina en el sentido amplio del término: cada patología tiene en sí misma el aspecto somático y el psíquico. En este sentido, en el centro de la intervención médica –prevención, diagnóstico  o terapia– se encuentra el hombre y no la enfermedad, el hombre con su historia individual, familiar y social. Indudablemente existen patologías en las cuales la componente orgánica es preponderante. En realidad, cada proceso morboso debe ser considerado como “psicosomático”, en la tentativa de superar definitivamente cualquier hipótesis dualista. En la terminología del DSM-IV (Tabla I), el enfoque multiaxial adopta una sustancial metodología psicosomática para definir la patología psiquiátrica. De esta forma, el enfoque que realizamos del paciente es más completo y preciso; cualquier intervención no puede prescindir de tales premisas, debiendo preveer una articulación de los ejes individuales tomados en consideración.

 

Tabla I. Enfoque multiaxial en psiquiatría (DSM-IV)

Eje I   =  trastornos psíquicos

Eje II  =  trastornos de personalidad

Eje III =  enfermedades orgánicas

Eje IV =  problemas psicosociales o ambientales

Eje V  =  funcionalidad del individuo

 

 La valoración multiaxial permite obtener un cuadro completo del paciente por que toma en consideración todos los aspectos de su vida.

El enfoque psicosomático, no limitándose al estudio del hombre que sufre, promueve la psicología del bienestar (salutogénesis). En cualquier caso, la medicina psicosomática tiene el objetivo de potenciar las capacidades del individuo para utilizar mejor los propios recursos. Ya sea en el sufrimiento o en la vida cotidiana, una continua tendencia hacia la psicología del bienestar contribuye al crecimiento de una cultura del bienestar, en la cual la capacidad de cuidar de uno mismo asume un papel de gran importancia con repercusiones positivas ya sea en la prevención o en la terapia de varias enfermedades psíquicas.

José Manuel Torres García

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